Paradigma      Manuel Avila @enciclica   ¿Dónde está el líder?

 

De repente la clase política se esfumó producto de las políticas diseñadas por el régimen para desbaratar los partidos políticos y moler los liderazgos que quedaban en el país. Ese juego perverso de sacar de circulación a las organizaciones tradicionales como AD y dejar fuera del ruedo a PJ y VP terminó de enterrar los restos de liderazgo que quedaban en Venezuela.

A María Corina la condenaron a lanzar sapos y culebras contra el régimen, a Borges lo execraron a Colombia y al resto del liderazgo juvenil lo metieron preso, como a Goicoechea y Requesens y el resto se fue a USA como Guevara, Gustavo Marcano y  Smolanski.

A Antonio Ledezma le dejaron abiertas las puertas de España, pero la liga de sus hijas con corruptos chavistas le salpicó hasta difuminarlo por arte de magia.

Solo quedó aquí en Venezuela Leopoldo López preso para siempre, Capriles dando saltos de rana, sin meterse mucho en profundidades políticas y Henry Ramos jugando al perfil bajo, sin presionar mucho para que los chavistas ni lo miren a la hora de seleccionar a los presos del mes.

A los pobladores de Venezuela lo dejaron condenados a continuar sumidos en terrenos de la ignorancia pegados a las bolsas, cajas Clap y los bonos presidenciales. Mientras tanto la hiper inflación hace estragos, los productos de primera necesidad no se consiguen y las medicinas son parte de los sueños de los venezolanos.

Por su parte, los servicios públicos colapsan cada día, porque no hay responsabilidad del régimen de atender al pueblo en una sociedad que se cae a pedazos. Ante esta pesadilla, que se trepa sobre el alma nacional no se ve horizonte en una sociedad que se cocina en su propia salsa.

La revolución tampoco tiene líderes en momentos, cuando solo vale usar el populismo como forma de régimen para mantener a eso que ellos llaman “pueblo”, pegados a la falda de una caterva de dirigentes sin la fuerza en el liderazgo, para garantizar calidad a una sociedad enferma de anemia perniciosa.

Pero sin oposición la sociedad sufre y la ignorancia camina por las paredes sacudiéndose el polvo del camino y sometiéndose a la peor pesadilla de su historia. Y es que lo mismos chavistas saben que atraviesan el desierto a pie, y con el Sol caliente, porque solo los enchufados, los amigotes del gobierno y los militares babosos sigue arrodillados a los pies de un régimen que al ritmo que lleva terminará sepultando al país en arena movediza.

Nadie dice nada y los pseudodirigentes de los partidos políticos solo buscan mecanismos de sobrevivencia política, al convertir los pequeños tarantines políticos en bazares de lasa ambiciones.

Aquí no se trata de jugar a resolver los problemas de cada ciudadano sino de volver a la Venezuela de la prosperidad, a la tierra de la libertad donde el pueblo no dependía de una bolsa de comida o de un bono presidencial, sino de tener un país productivo con un modelo económico que permitiese a los ciudadanos vivir sin presiones psicológicas.

Pero parece que al régimen no le importa nada, sino de aferrarse al poder por cualquier vía. Por eso los cabecillas del proceso solo fijan su mirada en entregar beneficios a lo que ellos llaman “pueblo”, que son parte de la miseria de los pueblos.

Pareciera que la idea es diseñar un modelo de la pobreza, donde la gente no tenga tiempo de pensar en otra cosa que no sea salir a las calles a buscar comida a cualquier precio, y cada día se la ponen más difícil a la gente al mantener el combate con las naciones poderosas del globo, para mantener un clima de luchas fratricidas, que solo perjudica a quienes vivimos bajo el techo de un país vuelto añicos en  medio de la crisis.

De esa manera, el país se nos fue de las manos con la resaca del populismo como forma de gobierno para elevar las banderas de la ignorancia por encima de la felicidad de la ciudadanía.

No sé dónde quedó archivada esa promesa de convertir al país en territorio de la paz, pues no es posible conceder ese privilegio ciudadano, cuando la gente anda como mutantes dando saltos, caminando largos trechos y exponiéndose a las locuras del gobierno.

¡Cuándo no falta la luz, se cae Cantv, se pierde el gas, se evapora el agua y la seguridad no existe en un  país donde los cuerpos policiales no aparecen por ninguna parte!

A eso hay que agregarle que la justicia está al servicio del régimen y el Estado de Derecho se murió muy pronto con la imposición de jueces y fiscales, que solo obedecen a los mandatos del régimen.

Con tanta calamidad se mantienen los hospitales y ambulatorios en cierre técnico parcial, porque la mentira de los gerentes de la salud solo subsiste para mantener ese embuste de que “los centros de la salud están operativos”, cuando la quiebra de la red hospitalaria es una verdad que todo el mundo conoce.

Mientras esa calamidad rodea el alma nacional los dirigentes del proceso solo usan la mentira  como catapulta y los opositores ni un suspiro lanzan para intentar frenar esa calamitosa situación, que mantiene en ascuas al 90% de la sociedad venezolana.

Es la hora de alzar la palabra de protesta contra un régimen hambreador que estafó a los venezolanos con la voz ronca de un líder militar que le falló al país y dejó a la República sumida en la peor miseria de la historia.

Eso parece no importarle a la ignorancia que sobrevive a la crisis con un pueblo condenado a vivir de la dádiva gubernamental.

Eso sin calcular los daños psicológicos generados por la falta de calidad de vida, y que llevan a los ciudadanos a emigrar a otras naciones en busca de salvación, o a morir e pie en una nación atrapada por las tenazas de la muerte.

Si los estudiosos de la sociología realizarán un estudio minucioso no tendrían números para plasmar en el papel la destrucción masiva de una nación condenada a la destrucción colectiva.

Con esa realidad maquillada por los escuadrones comunicacionales del régimen especializados en teñir de mentiras la realidad nacional entramos en tierras de una nación destrozada, que puso a los defensores del régimen a vociferar consignas de paz y felicidad  cuando los verdugos del régimen solo se limitan a lanzar gritos de muerte sobre un pueblo que se muere de mengua, pues como escribió Frank Fanón en su libro “Los Condenados de la Tierra”:

-“Pero hay que decirlo, las masas muestran una incapacidad total para apreciar el camino recorrido. El campesino que sigue trabajando la tierra, el empleado que no deja de serlo no logran convencerse, a pesar de las fiestas, a pesar de las banderas nuevas, de que algo ha cambiado realmente en sus vidas”.

Manuel Avila

@enciclica

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