Paradigma       Manuel Avila @enciclica       El baile de los genios

 

Saber esperar es practicar el arte de la paciencia, ese desde el que la clama y la reflexión son necesarias para aprender en el día a día. Ese síndrome de los que llegan al poder y creen que se las saben todas, que no escuchan a nadie y se convierten en sordos de probeta es parte de las locuras del poder.

Y es que nadie solo puede construir el mundo a menos que se ilusione con ser Dios y empiece a meterle al loco con sus ambiciones enfermizas de poder.

Hay que aprender a escuchar desde el sonido de las hojas de los árboles, el canto de los alcatraces, los estruendos de los ríos y la bullaranga de las olas al estallar en las orillas de las playas.

Ese ruido que hace la naturaleza es similar a los arpegios de la luna que se cruzan en el aire y forman con el solo esa relación mágica de fusión que se convierte en un “machihembramiento” de la poesía de vida.

Los genios no nacen, sino que se hacen por designio de la divinidad en un tiempo mágico que obliga a los hombres del mundo a fijar estrategias, a cocinar con sus propias salsas y a tejer clinejas de lo eterno para poder cristalizar diseños acumulados en su mente y que son parte de la creación del mundo.

Por eso cuando los políticos empiezan a sucumbir ante las ambiciones y los empalagamientos terrenales la misma naturaleza del mundo los condena al fracaso por sus locuras de poder. No es con caprichos inútiles, como se gobierna cualquier parcela de poder, sino con la sapiencia aprendida de su paso por la vida.

Es por eso que escuchar es parte del secreto de los gobernantes que no han aprendido a escuchar a la naturaleza, ni a poner las orejas en el suelo para escuchar el casco de los caballos que se acercan a gran velocidad para imponer la fuerza de su liderazgo.

Pero la sordera es la gran enemiga de los mandatarios que ascienden al poder solo escuchando los aplausos y las griterías de masas sin cerebro, que se equivocan con frecuencia al elegir figuras complejas que se creen dioses, con poderes similares a la fuerza del viento o la impetuosidad de las olas.

Nadie es imprescindible en una realidad que se cocina en sus propias locuras del poder y esa tesis del empalagamiento y la suntuosidad es parte de las torpezas de los gobernantes que se enredan con los hilos de las cortes, que tienden alfombras rojas para que caminen los reyes al compás de himnos de las miserias humanas.

En esa tesis del síndrome de la locura humana han transitado los equivocados de la historia, que tropiezan con los pies del pueblo y se olvidan que todo es fugaz en momentos de la historia de los pueblos.

No han tenido tiempo de reflexionar los hombres del poder sobre sus errores en el mando y no escuchar a nadie es la peor tragedia de un gobernante, que pretenda competir con la fuerza de la razón.

Tener la oportunidad de gobernar cualquier región es una bondadosa forma de Dios de otorgar espacios a la gente, para que le sirva a sus comunidades y no solo es bueno un gobernante solo por el populismo, sino que sus obras de índole colectiva deben cubrir espacios enormes que toquen con su bondad a las comunidades donde está centrado su reino.

Y hablo de reino, no por señalar que el pueblo es vasallo de algún mandatario, sino que el poder es tan efímero que hoy lo tienes y mañana como la flor de la maravilla perdiste el encanto, por arte de magia.

Ese poder transitorio de los mandatarios es parte de los báculos que concede el Señor a los privilegiados que son bendecidos por el Creador, para repartir beneficios a los más necesitados y conceder beneficios a los potentados que pueden con su bondad llevar hilos de esperanzas y sueños de grandeza a las mayorías marcados por las huellas de la pobreza.

El mal de los gobernantes es no saber voltear la mirada hacia los más pobres y no es confundiendo populismo con bondad y no es pensar que tienes el corazón más grande del mundo, cuando te llenas los bolsillos y rellenas las alforjas con dineros  mal habidos.

No se trata de tratar de engañar a los ojos invisibles que te dieron el poder, pero que desde los espacios de la justicia divina te miran con piedad, porque te equivocas al creer que engañas al mundo con tus gestos de simpleza política.

Ese error de la historia está tramado en secuencias de la perdición que se acumulan en medio de los montones de billetes y haberes que exhiben ante el mundo los tracaleros de la política.

Y no es que hacer política sea malo, pero debes calcular los saltos para que te vean colgar los hilos multicolores sobre los trajes de la falsedad que sobresalen de sus mentiras convertidas en seda o lino.

Está claro que por encima de los finos trajes y las prendas del placer terrenal y de los lujos brotan los maquillajes deformados de una realidad de la mentira y la burla, pues es evidente que llegar al poder no es fácil, pero lo más duro es conservar el testigo de la carrera en medio de una tormenta que te entumeces los brazos y te sacude la garganta para que lances gritos del silencio.

Pretender ser el Sol y el arcoíris sin tener poderes sobrenaturales es otro error de los humanos, cuando intentan sobrepasar a los dioses solo por manejar espacios ocasionales del poder.

Esa mentira de aferrarse al poder con trajes de luces y tejidos de la mentira es solo una ilusión de los cazadores de fortuna que sueñan con lanzar un salvavidas al mar para sembrarse en la soledad de las pasiones ocultas.

Por nada del mundo los hombres del poder se sientan a reflexionar sobre su confusión al Bailar como Genios en la oscuridad de una noche trágica, para la transformación del mundo.

Dejen a los genios que bailen su propia música, con sus melodías de arrabal que los engañen sobre sus heridas mal curadas por curanderos de la perdición humana. Aquí no se trata de curar llagas o sanar heridas de una sociedad atrapada en medio de un clima perverso y loco.

Pero este país está obligado a cambiar, por encima de todas las cosas porque la ruina económica y moral del país pasa por la categoría de gobernantes, que sin la formación gerencial para asumir compromisos llegan a creerse genios de las finanzas,que solo practican la cultura del populismo y de las obras de interés colectivo se apartaron para siempre.

Nada de realizar obras que beneficien al colectivo, sino de continuar estableciendo el modelo populista que ha sumido en el atraso, a una sociedad atrapada en sus propios síntomas de charlatanes sin ideas, ni propuestas.

Ahora le corresponde a la sociedad venezolana dejar atrás el populismo ramplón, que solo inventa espejismos de la mentira y sepulta bien profundo a una sociedad arrastrada y dibujada en cuadros de pintores sin rango.

Venezuela se resiente, llora y sufre la tragedia de sus propios errores y en medio de la oscuridad se ve a lo lejos una lucecita en el túnel, que asoman como genios de una historia malvada que terminó eyectando a medio país entre muertos e inmigrantes.

Esa es la  verdad de una sociedad que sobrevive con magia y no termina de parir el nuevo ciudadano, que reconstruya los cimientos del nuevo país.

Por ahora vemos la misma barca rasguñando el río con los affaires de (a) el tuerto Andrade y Raúl Gorrín y la nueva violación judicial electoral al decidir por la vía del TSJ la usurpación de la autonomía universitaria, al alterar la decisión de los estudiantes carabobeños de elegir sus propias autoridades.

Solo queda esperar que este pueblo corajudo despierte del letargo maravilloso que mantiene la sociedad ataviada de  verrugas y furúnculos ideológicos que han guiado la nación por la ruta de la involución y el atraso.

Manuel Avila

@enciclica

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