Paradigma    Manuel Avila @enciclica      El enemigo de la oposición

El enemigo de la oposición es la misma oposición que retuerce y se muerde la cola. Es la misma gente que ha estado mucho tiempo desangrándose, dándose puñaladas y montándose trampas para darse golpes contra el piso.

Pero los mismos protagonistas de toda la vida, los mismos que han vivido del poder y han cocinado con la misma leña, dan pie para que la gente los critique y los increpe en público.

Es que si un dirigente solo ha sido dirigente para conseguir contratos y cargos de elección popular, nada tiene que decirle a los electores a la hora de los procesos electorales, y menos si ha manejado una curiarita de esas que llaman partiditos, para usarlo como trampa caza bobos para incorporar a sus filas a quienes le sirvan de monifatos a la hora de buscar los votos.

Esa es la misma oposición que critica y le pone zancadillas al resto de los opositores, para resguardar unos espacios que cultivaron en el tiempo a punta de luchas intestinas para joder a los demás.

Esa lucha desenfrenada por aferrarse al poder es una historia de largos años de trajín político, que ha obligado a viejos dirigentes a bambolearse entre partidos políticos para aferrarse al poder.

Con chismes, cuentos de caminos y leyendas inventadas los cancerberos de la política se han mantenido en el poder consiguiendo beneficios personales, que en nada benefician a quienes los han seguido en sus aspiraciones vitalicias de perpetuarse en el poder.

Por ese timón del poder han luchado los políticos sembrados en el alma de la oposición nacional, y no se han percatado que la lucha no es contra ellos mismos, y ni siquiera se trata de continuar buscando contraticos de sobrevivencia, sino de entender que la Venezuela sometida a los dictámenes del comunismo continental, requiere de ciudadanos comprometidos con la recuperación de la democracia.

No pueden los políticos de la oposición continuar esa lucha fratricida por sus intereses particulares, cuando la Venezuela de la mayoría solicita un mejor país.

Creer que dentro de la misma oposición está la solución al problema de fondo del país es una locura que choca contra las alambradas de una sociedad moribunda, que cayó en brazos del comunismo por ese mismo afán  de los filibusteros de la política venezolana.

Si revisamos los cuadros políticos del país encontramos que en Caracas y en todas las ciudades y pueblos, siguen los mismos tipos portando la tea del liderazgo. Es la misma gente con caretas de otros colores, portando carnets distintos de organizaciones derivadas de las viejas organizaciones y condenadas al fracaso partidista.

No es en reuniones clandestinas donde se reúnen los mismos pendejos de toda la vida, como se va a recomponer el damero político nacional, sino apartándose del camino de la reingeniería política, que necesita la nación para poder salvar el pellejo democrático.

Esa es la realidad que pone sobre la mesa a los mismos tipos, con las mismas caretas portando el rostro del bandidaje para espantar al ciudadano, que no aguanta más a esos bribones de la política que solo apuestan a llenar sus arcas.

En conciliábulos de la perdición política no puede seguir cocinándose la suerte del país, pues es evidente que Venezuela necesita una apertura política para que los Ledezma, Capriles, López, Ramos, Fermín, Fernández, Falcón y tantos otros se dediquen a asesorar a las nuevas generaciones de líderes, para formar la nueva camada de políticos que el país necesita para su recuperación democrática.

Es obligatorio que los viejos políticos entiendan que ya los contratos y negociados realizados desde la cúpulas del poder son parte del pasado… y esa debe ser la hoja de ruta para comenzar el rescate del país.

No podemos seguir creyendo que las compañías anónimas en los partidos políticos son los paradigmas para continuar montando trampas que estafen a la gente. Con ese modelo obsoleto de jugar a la picardía criolla se continúa en la lucha por el poder, y esa tesis atrasada es parte de la realidad que deshilacha a una sociedad montada en la recuperación de la República.

Pero no podemos continuar con los estorbos de la política recostados de los liderazgos sólidos, para cultivar espacios de poder y sin mirar que hay una necesidad histórica de salvar a Venezuela.

Creo que llegó la hora de mandar al museo a quienes, sin liderazgo y sin votos pretenden seguir desde casuchas partidistas mintiéndole a los ciudadanos con paquetes chilenos, que solo benefician a los mafiosos del poder.

Es la hora de Venezuela con nuevas caras y nuevos protagonistas, pero es necesario que los dinosaurios que solo usan el poder para conseguir pingues ganancias y que nada le han dejado a las nuevas generaciones pretendan pasar los linderos de la historia agachados y a la sombra de los verdaderos liderazgos.

Si hay que borrar del mapa a los mafiosos hay que hacerlo y la misma gente los tiene marcados por su tiempo de permanencia en la política y por sus pocas huellas que dejan ver su escaso aporte a la sociedad.

No se trata de mantener viva la llama de las ambiciones personales, sino de entender que en conciliábulos partidistas no se puede ventilar la salida a la crisis, de una nación que es el reflejo fiel del fracaso de sus políticos.

Esa es la verdad y ¡El que se tenga que apartar que se aparte! porque ya basta de ver este nido de disfraces de Hallowen mostrándole al país el rostro de un museo de cera. Ya  basta.

Manuel Avila

@enciclica

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