Paradigma             Manuel Avila                Éxodo obligado

 

La crisis y las condiciones del país obligaron a los venezolanos   a  un éxodo masivo a distintos países del Continente en  busca de futuro, sueños y calidad de vida. Se quedaron en el país los más pasaditos de años, pero la juventud no lo pensó dos veces para huir de la vorágine chavista. Es que estos tipos arrinconaron tanto al país que más nunca hubo días normales en la vida del venezolano.

La cotidianidad se volvió aserrín en medio de una tormenta que arrasó con todo. Todas las actividades se centraron en lo grotesco de la cotidianidad con apagones generales, días sin agua, con la telefonía colapsada, con el servicio de aseo urbano deteriorado, con una inseguridad descomunal y con los servicios públicos destruidos por la mano que mece la cuna. Todo parece anormal, pero es un tejido planificado para que las cucarachas sobrevivan en el planeta de la destrucción nacional.

En estos momentos los venezolanos estamos prisioneros de  nuestras propias locuras electorales porque en el 98 vino la emoción tapizada de militarismo y los ciudadanos compraron el fatídico “Por ahora” como la única salida a los estertores del modelo democrático derruido por los cazadores de recompensas que liderados por Fidel Castro encontraron el momento para pegarle la mano al botín petrolero.

Ese tejido planificado a largo plazo se encontró de frente con una sociedad debilitada por las políticas  desordenadas de una IV República que cayó en las redes de la corrupción con los capos de los partidos políticos haciendo piruetas para entregar la democracia a un militar de la mentira que con un solo eslogan “su por ahora” fue capaz de cambiar el rostro a la Venezuela del desarrollo.

Todo se vino de golpe entre el olor a pólvora y cinco o seis tipejos que bajo el Samán de Guere tejieron sueños de una mentira revolucionaria tapizada de comunismo  cubano. Eso fue lo que vino de aquel puente aéreo entre Cuba y Venezuela que terminó cristalizando en un Socialismo del Siglo XXI que solo dejó la imagen de los militares arrastrados en la avenida Bolívar con sus tarantines vendiendo verduras y pollos.

Ese fue el cuadro dantesco de unas Fanb que fueron convertidos en maromeros de las causas ideológicas y solo eso. Nada quedó de la historia grande de las FAN y la mayoría de sus conmilitones pasaron a ser grupetes de tipejos sin alma que perdieron el rumbo hasta entregar la Constitución a los mercenarios de la gobernabilidad.

De esa forma empezó a agrietarse el país y las instituciones fueron molidas por una máquina de formar bloques de basura para la exhibición ante el mundo. No se salvó ninguna institución pública y el plan malévolo de Chávez y su equipo se diseñó desde Cuba para entregar a los cubanos las notarías, los puertos y apenas quedaron los aeropuertos como símbolos de la independencia gubernamental, pero al final le pegaron la soga al cuello a una sociedad enferma de ignorancia.

Se nos murió el país en manos de policías de la ruina latinoamericana y entregamos a la sociedad a fariseos del comunismo que vinieron a empobrecer a los venezolanos a toda costa sin menoscabo de robarles su dignidad por encima de todas las cosas. Pero nadie se percató que detrás del olor a pólvora venían los cubanos con sus garfios y sus arpones a matar pescados en nuestras playas.

De repente se hizo de noche y la oscuridad se apoderó del alma nacional en una especie de cuadro hipnótico sin parangón en la historia nacional que terminó sellando las puertas del futuro a una sociedad  que se fue en estampida en busca de sueños y futuro.

Eso nos pasó demasiado rápido con milicianos de la farsa y la destrucción que nunca recordaron que los gobiernos militares son la peor pesadilla para los modelos democráticos. Se perdió la esencia de la libertad y cuesta creer que hoy ya los venezolanos que alzaron las banderas rojas de la miseria nacional, ni se acuerdan que empujaron el barco para que Chávez llegara al poder.

Y ocurrió el error histórico más grande de nuestra historia porque a ese gobierno rojo lo empezó a odiar todo el mundo y no se quedó un solo ciudadano que no odiara la forma de gobernar de esos ultrosos de la izquierda latinoamericana. Pero en ese cuadro hipnótico armado por los paleros cubanos y los sacrificios de tigres de bengala, zamuros y gallinas degolladas en los jardines de Miraflores  trancaron el juego para que la sociedad no viera de cerca la pesadilla revolucionaria.

Por esa razón se produjo el éxodo porque la gente se percató que con estos  comunistas sin causa no hay futuro posible y salieron en desbandadas a regar la simiente del desarrollo a otras naciones del Continente. Con esa idea de salvación se fueron del país los mejores profesionales y exponentes de las investigaciones médicas. Eso nos llevó a quedarnos sin los mejores cirujanos y dejaron en manos de los egresados de la UBV la suerte de las intervenciones quirúrgicas del país.

Venezuela es el país del éxodo, de la hojarasca y de la vorágine que exporta ciudadanos y condena el país a un atraso de por lo menos  40 años. Esa es nuestra realidad y en las fronteras de las naciones vecinas abren canales humanitarios para atender a miles de almas que tejen sueños y cocinan a fuego lento un futuro mejor. Esa es nuestra realidad y por ahora nos miramos el ombligo y nos comemos las uñas, mientras mascullamos maldiciones por el error histórico de poner en el poder a ilusos con caretas de comunistas.

No quedó nada del Socialismo del Siglo XXI y solo canciones y banderolas rojas todavía se mantienen como un coro de corocoras sin alma que se desvisten para mostrar las huellas de la ruina nacional.

Manuel Avila

@enciclica

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