Paradigma       Manuel Avila      La cara de la estafa

 

 Cuándo hacemos un recuento histórico de la revolución desde el año 98 encontramos huellas superficiales de una propuesta de la estafa y la mentira. Todo se quedó en las promesas que le hizo Hugo Chávez al pueblo de Venezuela, para convertir a nuestro país en tierra de la ruina y la miseria.

Si hacemos memoria encontramos a los militares, regados por la geografía nacional con sus sacos al hombro, vendiendo la propuesta socialista como un proyecto de grandes alternativas, dirigido a formar al hombre nuevo.

No quedaron ni huellas de un Plan de la Patria, que después de ser el plan de vuelo de la r evolución, terminó convertido en solo un libraco viejo, que en nada ayudó a la propuesta de transformación del país.

De nada valieron las “Misiones”, que hoy son hojas viejas, convertidas en nada y solo los nombres de Sucre y Rivas permean en los estratos sociales bajos, como una muestra del fracaso socialista en Venezuela.

Nada quedó vivo de tanto sarao revolucionario, porque después del proceso alfabetizador que ostentaron en todo el Continente, como la obra para formar al hombre nuevo, solo quedaron una cantidad de ignorantes disfrazados de figuras alfabetizadas que nada aportaron para la consolidación del quebrado Movimiento Revolucionario.

De esas huellas negras del “Socialismo del Siglo 21″ quedaron algunos panfletos que en Margarita discutieron y promovieron Augusto Hernández, Walter Castro, Pedro  Salima, Lira Sosa, Orlando Colina, Luís Aguilera Leopoldo Espinoza, y tanto fantasioso promotor de ideas que creyeron que con  la revolución se viviría mejor.

En Caracas las ideas alocadas de Miquilena, José Vicente Rangel, Miguel Henrique Otero, Napoleón Bravo, ;Muller Rojas y tantos otros que creyeron de verdad, que la revolución era la panacea para cambiar el rumbo del país.

Por eso se envalentonó Chávez, porque llegó a creer que Venezuela sería otra cosa con los militares en el poder, y con bandoleros como Elías Jaua, Rafael Ramírez, Freddy Bernal, Pedro Carreño, Calixto Ortega, Rodrigo Cabezas y tantos ideólogos que apostaron a la creación del hombre nuevo.

Pero si de verdad produjeron un hombre nuevo, convertido en un mutante con características de bachaquero, escarbador de basuras y pedigüeños profesionales. Eso sí brotó del corazón de Venezuela,  un rebaño de desadaptados e ignorantes que creyeron en la salvación del país, con osamentas de quijotes que usaron sus lanzas, para arremeter contra la dignidad y la moral de los venezolanos.

Se trajeron desde Cuba a psiquiatras y lobos ideológicos, con las armas de la palabra para someter a los venezolanos a la peor debacle de su historia, pues el paquete completo comprendía a figuras disminuidas ideológicamente y  mutados en seres sin alma, que terminaron dando la pelea contra su propia gente.

De nada sirvió el Libro Verde de Khadafi, ni los postulados revolucionarios de Martí, porque la identidad nacional fue vulnerada por zagaletones de las ideas, que se apartaron de las raíces de nuestra historia, para pulverizar las huellas del tiempo democrático. Volaron los puentes de la democracia y los resortes constitucionales lo molieron para dejar abiertas las puertas de la debacle nacional.

Así se vinieron sobre nuestras generaciones de ciudadanos la peor purga de la ignorancia nacional al condenar a los ciudadanos a la lectura de obsoletos libros comunistas que en nada contribuían a la creación del hombre nuevo.

Para nada sirvieron esos armatostes llamadas misiones que solo prostituyeron la forma de  vida de una sociedad convertida en hueso molido, pues es evidente que con esos mutantes del socialismo arrinconando a la mayoría de los venezolanos, solo se pudo lograr idiotizar a un pueblo ciego, sordo y mudo.

Ahora cuando se vino la hojarasca y el éxodo aprieta porque miles de almas huyen despavoridos de los espacios nacionales porque la calidad de vida se fue de vacaciones, entramos en la fase terminal de un pueblo vuelto hojas.

Por aire, por tierra y por mar huían despavoridos los venezolanos de las fronteras bolivarianas para ir a parar a Panamá, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Costa Rica, USA y parte de Europa, no quedan dudas que estamos ante la peor tragedia de la historia nacional. De esa forma se nos vino encima la peste roja con  sus atuendos caribeños y los collares de los paleros cubanos.

Más nunca se sacrificaron tigres y gallinas en los jardines de Miraflores y ahora las arremetidas del régimen se vinieron contra las instituciones, hasta hacer morder el polvo  a una sociedad vuelta aguas, en medio de la oscuridad de un país sometido a la peor vorágine de su historia.

Nada quedó de esa propuesta engañosa, que solo condenaron a los venezolanos a la miseria colectiva. De eso se trató este juego revolucionario de condenar a los ciudadanos, a una crisis emocional de grandes dimensiones y a la ruina moral de una sociedad, que terminó convertida en un rebaño de pobres, arrastrados por la ruina moral de un país difuminado en hojas secas.

Con la revolución se nos vino encima la ruina social, económica y moral que socavaron el alma nacional hasta transformar al hombre nuevo en una especie de mutante que escarba en la  basura, bachaquea, vende su conciencia por 500 bolívares y se alza cada vez que quiere para reclamar los mendrugos que en bolsas Claps, bonos navideños, bonos electorales y en perniles se traducen en la migajas bolivarianas.

Por eso estamos jodidos porque los cultores del hambre reparten los réditos de la renta petrolera para desdibujar al ciudadano hasta diseñarlo como un figurín sin ideas, sin dignidad y mutado en un esperpento de ciudadano.

Con esa perversión alquiló la revolución la conciencia ciudadana, hasta volverlo en figuras sin sueños, sin futuro y con la ignorancia como su bastón para caminar en esta sociedad ruinosa.

De todas formas luchamos para reivindicar la ciudadanía y con la hambruna que azota las costas venezolanas no queda otra cosa que decir “Volveremos a sembrar la Venezuela del progreso, sin candelabros de la palería cubana, sin velones para atornillar el proceso, y sin actos de brujería que condenen a los ciudadanos, a estar sometidos por siempre a la desesperanza, la frustración y el odio que carcome y divide a los venezolanos entre el ser y el no ser”.

Manuel Avila

@enciclica

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