Paradigma      Manuel Avila La masacre del Junquito

“Eso es un crimen de guerra y lesa humanidad, tipificado en el artículo 8 del Estatuto de Roma. Al rendido hay que respetarle su condición humana, el honor al caído. Lo estipulan las leyes de la guerra con los prisioneros y el Convenio de Ginebra”, así me dijo mi amigo el eminente jurista venezolano, Mario Valdez en un comentario que me envió por vía whasapp.

Y es que fue una masacre similar a la del Amparo por lo que Tareck Williams Saab,  el Fiscal General de la República, que no ha tenido tiempo de asimilar este crimen de lesa humanidad, que en los videos de Oscar Pérez y su equipo quedó grabado el día de la masacre del Junquito.

Es que a Oscar Pérez se la tenían jurada los jefes del régimen, desde que salió con el helicóptero a promocionar la insurrección militar, por los cielos de Caracas y se la juraron porque irrespetó la majestad presidencial de Nicolás Maduro.

Desde ese momento, a Oscar Pérez se la juraron y por eso no valieron los intentos de negociaciones con fiscales del Ministerio Público y periodistas presentes, porque las hienas sedientas de sangre que enviaron al Junquito, iban a comerle la garganta a quien osó retar al poder del proceso.

Se vino ese 15 con sus aires de enero, que sumaron al cónclave merenguero en Dominicana bajo el control del siguí del régimen, el Presidente Danilo Medina, que solo ha trabajado para mantener bajo el yugo revolucionario a los hijos de Bolívar y, junto a la crisis hiper inflacionaria se apareció de repente, la voz atragantada y azorada de Oscar Pérez gritando al pueblo de Venezuela, para que saliera a ayudarlo en ese cerco que le montó el régimen, con más de 500 funcionarios que, armados hasta los dientes y con miembros de G2 y de las bandas paramilitares de delincuentes del Movimiento “Tres Raíces del 23 de Enero” llegaron a tierras del frío en el Junquito, a terminar con la vida de 5 patriotas que tenían en el alma la idea libertaria de resolver el caos político de la Venezuela marginada, por el régimen de Maduro.

Con semejante cuadro pudimos presenciar, a través de las redes sociales, el único canal de trasmisión de información de este país la angustia del guerrero Oscar Pérez que grabó hasta la negociación con sus homólogos de la Guardia Nacional y del Grupo BAE, donde el cruce de palabras, el entendimiento y la razón quedaron atascados en las entrañas de un país civilizado y racional, por efectos de una contra orden que vino desde la cúpula del Poder Nacional, para borrar del mapa a un movimiento liderado por Oscar Pérez en tierras de Bolívar.

No dejó nunca este muchacho venezolano de enarbolar las banderas de la libertad, las ideas democráticas y el sentido de pertenencia por la defensa de la patria. Y es que Oscar Pérez le dio una clase magistral de bolivarianismo a quienes se apoderaron de las imágenes y el pensamiento de Bolívar hace 19 años, para sepultar bien hondo ideas de redención democrática.

De eso se ocupó el hombre salido de las filas del Cicpc, para probar que sí existe venezolanismo en las filas de los dueños de las armas, y con su muerte deja unas huellas profundas del sentimiento por la patria, que en algún momento surcarán los cielos bajo la fuerza del sustantivo libertad.

Todavía hay ignorantes a granel, en una sociedad descompuesta por miles se zombis, que desde sus espacios de trabajo, se han convertido en estudiosos de la ciencia política y para ir más lejos, en conocedores de todos los espacios del conocimiento político y militar.

Desde esos escenarios, miles de “sabios” de la política juzgaron a Oscar Pérez, sin conocer las dimensiones de un ser humano cuyo único apostolado, estaba cimentado en libertar al país de las garras del totalitarismo.

Eso fue lo que trasmutó el policía en sus andanzas en estos meses del 2017 y el 2018 con sus compañeros de lucha, formados en materia de democracia y soberanía y capaces de lanzarse discursos encendidos en cualquier escenario nacional.

Así que podía hablar Oscar Pérez o cualquier otro de su equipo y no bajaba la intensidad del discurso, ni la calidad temática de la alocución. Por eso los masacraron, porque eran hombres libres de pensamiento y figuras peligrosos para la consolidación de este régimen de oprobio y persecución-

Con tres disparos, dos en la cabeza y uno en el pómulo apagó el régimen de Maduro una voz sonora, predestinada a enardecer la emoción de un pueblo hambriento y sometido a las peores humillaciones de su historia republicana.

Casi  nadie escuchó a Oscar Pérez en su clarinada de libertad y hasta los hombres pensantes de la patria creyeron que solo era un showman en busca de protagonismo cinematográfico y confieso que muchos nos equivocamos con el joven guerrero de la causa libertaria.

Pero lo idiotesco es que todavía después de dos o tres día de “La Masacre del Junquito” siga la discusión entre expertos del micrófono, gladiadores de la tinta y aislados personajes de la prehistoria, que creyendo ser los dueños de la verdad irrespetaron la memoria de quien salió a dar la cara por Venezuela.

Pero no solo se equivocan los negociadores merengueros, sino que los ciudadanos que sueñan con una patria libre y que jamás han ido a una manifestación pública, ni siquiera han enfrentado al régimen, sino desde un teclado siguen analizando los pormenores de “La masacre del Junquito” y se atreven a irrespetar la memoria de quien les pasó por encima en materia de coraje y venezolanidad.

Por esa razón a esos aislados personajes de la ficción política nacional, los invito a reflexionar y a entender que nos podemos equivocar en los análisis políticos, pero hay que respetar para que los respeten.

Eso quedó claro con el ajusticiamiento del Junquito, que la vía electoral seguirá siendo una utopía, mientras el CNE esté secuestrado por las arpías del régimen, que fueron adoctrinadas para garantizar el poder a los rojos y ese es su único objetivo, no otro.

Algún día Oscar Pérez será reconocido como héroe de esta patria libre, junto a su equipo de valientes acompañantes y no aparecerán por ningún lado los críticos de historietas aisladas que recorrieron la nación y dejaron en la estacada el heroísmo de un venezolano ejemplar.

“Honor a quien honor merece” y el pueblo venezolano tendrá la obligación que darle sus galones a esos guerreros, que se enfrentaron a colectivos, militares y policías en busca de la libertad de una patria desmoralizada, perdida en sus valores democrática y amordazada por el paso avasallante del hambre.

Manuel Avila

@enciclica

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