Paradigma   Manuel Avila  Lecciones de pacatería

Ahora resulta que todo el mundo se convirtió en estudioso del terrorismo, de la investigación y cada cual se cree un Hércules Poirot, Watson o el Inspector Ardilla de la política venezolana.

Todavía hay gente que no cree en Oscar Pérez, porque no los convenció con argumentos sobre sus pretensiones de libertar a Venezuela. Pero cada quien tiene la libertad de analizar como quiera la situación del país y hasta dejarse llevar por sus propios análisis, o por el uso de ideas prestadas para justificar el presunto episodio  de un Oscar Pérez, a quien no le creyeron ni un solo capítulo de su historia. Pero esos ignorantes que  cuestionaron a Oscar Pérez y fueron más lejos al insultar a los opinadores que creyeron en las aventuras de este rambo criollo.

Creer que la verdad es única y solo es manejada por los sabios de la información, es otra locura en un país que perdió la cabeza en medio de las miserias ciudadanas, pues es evidente que el lanzamiento de ensayos de la mentira para deformar una propuesta libertaria que tuvo rumbo y con el objetivo definido de salvar al país.

No eran unos improvisados que robaron un helicóptero para dejar un mensaje nacional, que violaron la seguridad de dos fuertes importantes del país para llevarse una cantidad de armas para rescatar la democracia nacional.

No eran tan locos los hombres de Oscar Pérez que asumieron el compromiso de rescatar a Venezuela de manos una secta de pillos que solo han estado en el mando para enriquecerse. Por eso insurgieron Oscar Pérez y sus colegionarios con jugadas olímpicas, que le permitieron ganarse el respeto de los venezolanos, pues es evidente que  Venezuela necesitaba de líderes que asumieran un compromiso con la democracia y la libertad.

En ese mundo de ignorancia en que ha caído Venezuela, por efectos de las decepciones electorales y las jugadas mal conceptuadas de un liderazgo opositor, quebrado por sus pésimas políticas para salir del régimen.

No se hizo nada en los últimos años, porque en la táctica política ha sido superior el oficialismo a la oposición. Tanto ha sido el daño generado por los errores de la oposición venezolana, que ha deformado la estrategia ciudadana para quitarse de encima este gobierno totalitario.

Pero es una realidad que dejamos de creer en lo que hacen los protagonistas de la vida política nacional, porque somos sabios vestidos de ciudadanos, que perdimos la esencia de la libertad.

Ahora cuando ocurrió el acontecimiento de la masacre del Junquito, con la muerte de Oscar Pérez y sus compañeros de luchas, todavía los sabios de la política y de la información siguen apostando a cuentos inventados por creadores de la nada.

Eso sí, los bocones aislados que esperaron ver los 8 tiros que le dieron al líder del movimiento libertario quedaron como idiotas, ante el desencadenamiento de acontecimientos reales, que terminaron con “la masacre del Junquito”, donde perecieron los incomprendidos que dieron la vida por  Venezuela con sus planes de libertad.

Esa verdad que se cruzó en los escenarios del Junquito y del Cementerio del Este, dejó una realidad plasmada sobre el tapiz de una sociedad muda, que va a contar siempre con sabios de la información, que algún día entenderá que todos podemos equivocarnos por encima de todas las cosas.

Pero hay gente acomplejada, que pareciera viene a la tierra con un síndrome de perfección que raya en lo estúpido, pues cuestionar a otros por sus modelos corroídos por una verdad que llevan a cuestas, con sus dibujos de la mentira es solo un capítulo cerrado por la pacatería.

No podrá nadie seguir cuestionando a un hombre que soportó 8 disparos y puso a sus hombres en peligro, por unas ideas de democracia y libertad que solo traspusieron los límites de lo permitido por los malandros del régimen, que apuestan cada día a su sobrevivencia.

Por ahora, Venezuela resiste los embates de la crisis y espera por los ignorantes que gritan consignas contra los héroes de una Venezuela, que clama a gritos por un cambio de rumbo ante de que sea tarde.

Quedó una enseñanza en el ambiente político nacional dirigido a los incrédulos, a los ignorantes y a los pedantes que nunca han lanzado un cohete, para alertar a un malandro y quieren gritar consignas de luchas para convertirse en los nuevos líderes de Venezuela.

Por ahora, se espera por la aparición de nuevos liderazgos que le den frutos de libertad a los pueblos y que vayan contra el rechazo de una sociedad desesperanzada que no cree en nadie, pues se le volaron los tapones de la frustración y solo miran por el cristal de sus ambiciones.

Manuel Avila

@enciclica

 

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