Paradigma     Manuel Avila    Miedo en el alma

 

… Y la ruina cada vez es mayor gracias a ellos y a sus compinches, los funcionarios de sus regímenes.

La crisis del país suena duro en los tímpanos de los protagonistas políticos y pone en ascuas a una sociedad que ve como las olas del mar se llevan en su resaca sus sueños y su futuro. Por esa razón, en medio de la crisis sale a flote, el miedo que carga a cuestas Maduro al conceder un incremento salarial fantasioso, que elevó hasta Bf. 5 millones los sueldos de los empleados públicos, y casi inmediatamente subió el escalafón de los militares, para evitar cualquier sacudón que ponga en riesgo la democracia.

El miedo en el alma del gobierno recorre como un volcán los órganos de una Venezuela arrinconada por la crisis y sometida a la peor pesadilla de su historia. Nadie puede acceder a los linderos de la economía nacional, porque todo el mundo está quebrado y condenado a la ruina.

Pero esa aberrante quiebra del aparato gubernamental y de la empresa privada de todo el país, es una realidad que se mueve a paso lento y condena a esta sociedad por los senderos de la crisis.

Ese miedo en el alma está socavando el desandar de los venezolanos, que andan por la sociedad dando tumbos en busca de medicinas y alimentos, para mantenerse con vida en una sociedad atrapada por la crisis.

No hay posibilidades de abrir los caminos de la libertad, porque el régimen se  niega a abrir el canal humanitario, que le ha propuesto la comunidad internacional. La gente se está muriendo de hambre, por una parte por falta de medicinas, por el otro… y el otro enemigo es la delincuencia, que arrastra los gérmenes de una crisis mortal para la sobrevivencia nacional.

Pero al parecer, al régimen de Caracas no le importa ni un comino que se mueran los ciudadanos en sus propias narices, pues es evidente que ningún paso dan los funcionarios para equilibrar una sociedad, que se mueve a tientas en las penumbras de la locura colectiva,

En medio de esta tempestad, que se lleva en sus hombros la suerte de una sociedad atrofiada por las pésimas políticas de un gobierno, que ni siquiera ha estudiado el éxodo de miles de venezolanos, que salen cada día por los caminos del mundo.

Es extraña esta hojarasca que se produce en momentos cuando el país se debate entre ser y no ser. Esa es el país que tenemos cuando la sociedad clama a gritos por un modelo económico distinto, pero que está condicionado por un modelo político que se divorció de los Estados Unidos, por la imposición de Fidel y Raúl Castro, que establecieron como ruta de vuelo el enfrentamiento con el imperialismo norteño.

Ante esa realidad se alejó el régimen del gobierno estadounidense, y por supuesto del dólar como la moneda, que soporte sobre sus hombros la debacle de una nación en ruinas. Esa es la realidad de una nación que quedó atrapada en los fantasmas de la Guerra Económica y Dólar Today, los elementos de la fantasía sobre quienes pretende el gobierno echar la suerte de una Venezuela en ruinas.

Y es que hasta hace 5 años nadie llegó a pensar que este país, con la riqueza petrolera más importante del continente y con recursos minerales de dimensiones colosales, podía estar a la cola de los países del mundo. De esa forma llegó la inflación y la hiperinflación, con su carga de excrecencias para sepultar a Venezuela bolivariana, en las catacumbas de la ruina.

Pretender continuar avanzando en medio de la ruina nacional, con una economía destruida por el pésimo manejo de las finanzas del Estado, es parte de un plan preconcebido por un proyecto de país, que prometió con el Socialismo del Siglo XXI cultivar el “hombre nuevo”, que nunca nació.

Y es que no podía aparecer una nueva sociedad con un populismo tropical, que solo se encargó de entregar dádivas convertidas en bonos y becas a una sociedad de ignorantes que se quedó atrapada en ilusiones de corte caricaturesco.

A nadie del régimen se le ocurrió pensar en algún  momento, que después de la bonanza se vendría la crisis económica sobre la Venezuela petrolera, que vi aparecer la bola de candela, cuando las empresas productivas se desmoronaron, en medio de esta locura de extraditar y quitar la posesión de sus tierras a los industriales, hombres del campo y a quienes lideraban la economía nacional.

Pero el Estado poderoso hizo mutis en la situación que se cocinaba a fuego lento, ante los ojos del mundo y un día cualquiera, empezamos a sumergirnos en la mar de la ruina nacional, cuando empezaron a escasear los alimentos, las medicinas se esfumaron de las estanterías, los hospitales cerraron sus puertas y la hiperinflación maniató el alma nacional.

Quedamos en la oscuridad de un modelo económico sin rumbo, que solo mostró el rostro pálido de una sociedad atarantada, que nunca encontró el rumbo para desarrollar la Venezuela de nuestros sueños.

Esa es nuestra realidad, con una nación macilenta y recargada de insuficiencias gerenciales, que pusieran a los ciudadanos en el camino del futuro. Ese miedo en el alma obligó a Maduro a levantar vuelo, con el incremento salarial apurado que generó más inflación, más temor y ese culillo que arropa cuando se gerencia una economía vuelta polvo.

Quedarse con los brazos cruzados no es posible en estos tiempos de cr,s y por eso los chavistas que saben de la ruina nacional, y de lo poco que puede hacer el venezolano con sus salarios, impusieron un incremento de sueldos que de nada le sirve al ciudadano, porque la inflación se come esos espasmos económicos de un solo soplido.

Pero, como los asesores del régimen son incapaces de poner la oreja en el suelo, para escuchar el sonido de los cascos de los caballos, es posible que no entiendan que las tempestades se llevan con sus vientos todo lo que encuentra en su camino.

Por eso, cobra peso el aumento a los militares y dibuja un clima de tensión, que pone en el péndulo de la crisis a un gobierno, atrapado en sus propios estertores.

Sabe la gente del régimen que el clima del país es tenebroso y que de alguna manera hay que detener la hemorragia económica y social, porque el caldo de cultivo de una sociedad enferma, está sembrada en ese miedo milenario, que llevan los políticos en su afán de poder.

La idea es aferrarse al poder a toda costa, y por eso hipotecar las riquezas del país forma parte de un plan macro destinado a mantener la revolución en el timón del mando.

Hay miedo en el alma y eso es parte de una locura llamada revolución, que terminó dejando a los ciudadanos solo con ilusiones y una mentira que le cobra alto a una sociedad hipnotizada, por los lamentos de un chaure herido de muerte.

Si el régimen no recoge velas en estos tiempos de ruina económica, no tiene ningún futuro  aunque hagan piruetas y acrobacias de locos de la gerencia pública. Vendrán nuevos tiempos, porque la sociedad puja por un cambio de gobierno, y si nadie resuelve sus problemas fundamentales, es el mismo pueblo el encargado de dar sus ribetes democráticos a una sociedad que clama por su salvación.

Manuel Avila

@enciclica

Comentarios:

Más ariculos
Cerrar

Carlos Blanco  Venezuela, epicentro del sismo

Las vibraciones y temblores no eran infrecuentes; pero, no parecían peligrosos. Algunos pocos visionarios supieron que no era un estremecimiento más, sino un verdadero y...