Paradigma        Manuel Avila      Otra mentira

… Y la ruina cada vez es mayor gracias a ellos y a sus compinches, los funcionarios de sus regímenes.

Cuando Maduro anunció ese incremento salarial, que busca controlar la angustia nacional por la pesadilla de la crisis económica y social se removió de nuevo el alma pobre de los venezolanos.

Si hace tres días no podíamos tener acceso a la carne, el pollo, el pescado y el queso, ahora no quedan dudas que entramos al túnel de la crisis nacional. No podrán comer los venezolanos, porque en ese mes de espera para cobrar los aumentos de sueldos y pensiones, se incrementarán los precios hasta niveles exorbitantes, pues es evidente que la hiperinflación se dispara automáticamente, para arrinconar a un pueblo arruinado y triste.

Vuelve el clima de desesperanza a acorralar a una sociedad con problemas a la hora de adquirir los productos de la dieta diaria, como consecuencia de las locuras económicas de un país entregado a las improvisaciones de 4 locos.

No es por la presunta guerra económica impulsada desde los Estados Unidos, ni por los efectos de Dólar Today y solo por las decisiones alocadas de un equipo económico que lanzó por la borda el futuro nacional.

Venezuela se colombianizó muy rápido hasta el punto de ocupar hoy día, los primeros lugares de inflación del planeta y hombro a hombro con los países africanos, que nunca llegarán a tener las riquezas minerales de la República Bolivariana.

Pero en la realidad del plano económico, encontramos razones suficientes para reforzar la ruina nacional en planteamientos disímiles, que dejaron a la sociedad en ascuas por el alza desmedida de los alimentos, por una hiperinflación mortal que destroza el alma nacional, por la cantidad de regalías que hizo el ex Presidente Chávez a otras naciones y la cantidad de préstamos impagables que el Estado venezolano le cedió a otras naciones, sin ninguna posibilidad de pago a los venezolanos, porque a final de cuentas esa actitud irresponsable de Chávez y Maduro,  mandatarios venezolanos llevó a entregar nuestro patrimonio solo al cambio de apoyo internacional.

Creer que Venezuela sigue siendo el país rico que todos nos imaginamos, es parte de los sueños del pasado, pues es evidente que la administración de los recursos del Estado, ha sido producto de las improvisaciones de una clase política, que solo se preocupó por mantener el poder y  no de resolver los problemas de la gente.

Pareciera que el régimen se ocupó más bien de regar de populismo los espacios de la República, para que la gente creyera que era un Estado dadivoso y complaciente.

Esa fue la imagen que el mundo se formó de aquel “Don Regalón”, que recorrió el planeta entero entregando cheques sin rubor, y solo pensando que impresionaban a la gente, con la abundancia en petrodólares y con la promesa de regalar nuestro patrimonio a las otras naciones del planeta.

Haber cuadrado convenios imperfectos con Cuba, Bolivia, China, Rusia, Argentina, Brasil, Nicaragua, y repartir a manos llenas recursos del patrimonio nacional sin control, es parte de las locuras de la demencial conducta de los malos hijos de la Venezuela petrolera.

No tuvo cálculos el régimen a la hora de establecer el modelo económico y fracasó estrepitosamente al confiar solo en los precios del petróleo, mientras que las relaciones internacionales fueron cada día peores y la entrada de dólares fueron bajando progresivamente, hasta condenarnos a la pero calamidad económica de nuestra historia.

Pero los chavistas solo pensando en mantener el poder, se dedicaron a entregar dádivas para moldear políticas populistas sin ningún sentido, pues la tragedia se venía gestando desde abajo y la lava caliente corría por debajo de la tierra, como una ola grande que consumiría el corazón económico de Venezuela.

No es con aumentos populistas como se resuelve la crisis económica nacional, pues el modelo colapsó hace buen rato y no hay posibilidades de ningún tipo de salvar a los venezolanos de esta pesadilla, que mantiene en jaque a una sociedad atrapada en la madeja autoritaria de unos irresponsables sin causa.

Pero no pueden continuar los ignorantes creyédo que son los gringos los impulsores de la quiebra nacional, pues fueron Chávez, Maduro y sus lugartenientes ideológicos, los creadores de esta debacle nacional, que ha sepultado a Venezuela en el mar de ruina.

Por ahora, el régimen cree que, con incrementar salarios está haciendo historia, y lo que es peor… está condenado a una locura de precios, que someten al ciudadano a una historia viva de hambre y ruina moral.

Por esa razón el ciudadano camina cabizbajo, anda sin esperanzas y entregó sus sueños a un régimen, que no asimiló nunca su responsabilidad de preservar la calidad de vida de los ciudadanos.

Nunca se detuvieron los sabios del proceso a buscar la ruta de la prosperidad económica y metieron al ciudadano, en un laberinto sin salida al matar la productividad y condenar la industria petrolera, a su peor pesadilla.

A Pdvsa la enterraron viva, al estropear la productividad y bajar los niveles de negociación internacional, pues es evidente que más nunca le hicieron algún tipo de mantenimiento a las refinerías para condenarlas a ser ahora un museo de chatarra, sin las condiciones técnicas para su operatividad.

Ya con Pdvsa fuera de carrera en la competencia de los negocios petroleros, porque al perder el capital humano, formado en otras latitudes se vino abajo “la gallina de los huevos de oro” y quedó Venezuela atrapada en las redes de la improvisación revolucionaria.

Por ese camino empezó a despedazarse la economía nacional, que por años dependió sobremanera del negocio petrolero y de un solo zarpazo empezó a deshilacharse un modelo petrolero, tan codiciado por otras naciones.

Mientras la revolución buscaba aferrarse al poder por todos los medios, con las negociaciones petroleras y con la compra de apoyos internacionales, a cuenta de entregas millardianas pretendió la revolución aferrarse al poder, pero le ha sido cuesta arriba sostener a una nación arruinada, hasta convertirla en una nación bananera.

Con razón la huida en estampida de miles de venezolanos ha sido la constante de una sociedad política podrida y condenada a depender del autoritarismo y del poder supremo, diseñado por la voladura de los puentes colgantes de la democracia. En medio de ese fragor político incesante, sobrevive una revolución de la mentira que terminó castrando los sueños y el futuro de la Venezuela petrolera.

Ahora la tesis burda de la guerra económica, es usada por la ignorancia del régimen para soltar los zombis del proceso con su carga de excrecencias,  a difundir mensajes de la mentira, que nada terminan haciendo en la conciencia de un venezolano, que sabe de los furúnculos de la crisis.

En esa andamos, en una lucha por la sobrevivencia, que mantiene en ascuas a un ciudadano, que perdió la capacidad de asombro, en medio de una calamitosa situación económica, que destruye el alma nacional.

Con esas condiciones económicas precarias, la Venezuela petrolera se debate entre el pasado y el presente, pues es evidente que con la revolución se vino encima de los ciudadanos, la peor tragedia de su historia, con una carga de malformaciones, que solo se pierden en consignas oscuras que solo llevan a la destrucción nacional.

Pretender ahora usar los resortes del populismo para alquilar la permanencia en el poder de los rojos es solo la parte final de una novela que empezó con ceremoniales fabulescos y solo trajo a Venezuela la  miseria de su pueblo.

Hoy cuando los bachaqueros y los hurgadores de basura se alzan con la copa de la ruina nacional, no queda otra alternativa que pensar en una salida a la crisis, pues es evidente que la vía electoral es una pérdida de tiempo, ante un régimen tramposo y marrullero.

La realidad venezolana se cocina en su propia salsa con argumentos fuera de lugar, que se mecen en las fantasías del imperio y el espejismo de Dólar Today, solo para justificar esa fábula inventada, solo para mantener encendida la tea ideológica del socialismo.

Ahora vuelve el gobierno a alquilar la crisis a costa de bolívares que nada valen  y el pueblo vuelve a creer ese globo de ensayo, que solo es otra mentira revolucionaria y nada más.

Viene de nuevo la fiesta de los aumentos y se aplica el refrán “Cuando el pobre lava… ¡llueve!” para aludir a la persistencia de la hiperinflación, y de la escasa magia del gobierno para resolver la tragedia económica nacional.

Manuel Avila

@enciclica

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