Paradigma        Manuel Avila          Rumbo al precipicio

Con esta inflación galopante que condena a la sociedad venezolana a la peor tragedia de su historia, todavía el régimen no se percata que navega sin modelo económico y eso es peligroso para una sociedad ataviada de furúnculos por todas partes.

De repente se nos vino encima una ola de calamidades, que terminaron sepultando el futuro nacional en tierras arenosas y pantanales. Pero ese ciudadano dormido, en estado de trance y secuestrado por los tejidos malévolos de una catajarria de pillastres, que se comieron de a poquito el manjar nacional.

La táctica de hundir el barco en el medio del mar, le resultó a una sociedad hipertrofiada que producto del hambre y la inflación tejida por retazos, es parte de una locura del poder que terminó convirtiendo a Venezuela en tierras del caos.

Esa realidad que se mece sobre las olas del mar es parte de la locura de un régimen atolondrado y hostil. Que se parece a la realidad de Cuba es una verdad indiscutible, que se bandea de orilla a orilla, en medio de una relación de características peculiares. Pero que apunta al desastre de país, como resultante de una ecuación planteada entre cantos de gallos y media noche.

Venezuela empezó a desarmarse como un carro viejo, en la medida que se le imprimió más velocidad  a un plan económico macabro, que terminó convirtiendo a la sociedad venezolana en un grupete de pobres, que hurgando entre la basura, crearon a ese nuevo ciudadano de la pobreza nacional.

Por obra de la planificación estratégica revolucionaria, se fue mutando el ciudadano en un bachaquero sin alma, que emuló a los comerciantes que, desde sus castillos empresariales jugaron a la quiebra del sistema y a la salvación de su trono.

¡No más sacudones económicos! grita la gente en las calles del país, porque la calidad de vida de los venezolanos se volvió sal y agua en medio de un proyecto hambreador y disociador. De esa forma,, el venezolano cambió su perfil de vida en medio de una tormenta destructiva, que se llevó por el medio a tirios y troyanos.

No respetó a nadie la vorágine revolucionaria, que emulando los pasos de Fidel Castro en Cuba, apuntó sus dardos a la consolidación de un régimen hambreador, y atado a los planteamientos de la sociedad cubana.

Con esa mancomunidad de la pobreza a cuestas, salieron a la calle los zombis del proceso, a intentar justificar a un gobierno que no tiene modelo económico y solo apuesta al empobrecimiento masivo de los ciudadanos de un país.

Pero  Venezuela se merece esta tragedia,  que azota a la comunidad internacional y                      que condena la historia de Venezuela a la nada de casi no sentir, y lo que es peor no dejar huellas de su paso desolador, por los senderos de mi patria.

En medio de esta calamidad ha correspondido a los pueblos del país, asumir posiciones de comando para determinar qué haremos en el futuro, porque un gobierno sin proyecto económico, sin ningún modelo, porque solo la ruina moral de una nación y la condena social al mantener presos a los ciudadanos a los antojos de cuatro trasnochados políticos, que solo piensan en la acumulación de riquezas y en mantener al pueblo pisados bajo la bota militar…

De eso se trata este juego diseñado hace 20 años, con el solo propósito de arruinar al país más rico del Continente y condenarlo a la peor ruina moral de su historia. Pero la culpa es del mismo pueblo, que prefirió un gobierno militar antes que un gobierno civil, y que arremetió contra los principios democráticos, hasta volver trizas la propia Constitución Nacional, que tanto vituperaron desde las trincheras de su falsa oposición.

Venezuela no se merece esta suerte de locura colectiva que condena a sus ciudadanos a la miseria colectiva, a la vida sin calidad de vida y a la muerte inminente ante la falta de un gobierno que gobierne.

Y es que a este gobierno se le fue de las manos la gobernabilidad, en tiempos cuando la pobreza se encarama por encima de los muros de las casas y grita libertad, para evitar que se sigan muriendo ante nuestros ojos los hijos de Bolívar.

Pero esa es nuestra realidad y después del error histórico de elegir el militarismo como forma de gobierno, nos corresponde aguantar esa pela que nos condenó a la hambruna colectiva más grande de la historia patria.

Dejamos que nos engañaran con palabras huecas, con poses de petimetres sin rostro, con discursos cansones, que solo hicieron agujeros mágicos en el alma nacional y que  nunca trajeron en sus alas soluciones a los problemas de los venezolanos.

Preferimos un gobierno atrasado y disfrazado de progreso, para salvar nuestro futuro y esa mala noticia se vino muy rápido contra el alma nacional, al cerrar técnicamente todos los hospitales del país y más nunca se realizaron operaciones de alto nivel en los quirófanos de los hospitales públicos,porque los grandes galenos se fueron a otras naciones en medio de esa hojarasca que destruyó la nación.

Se montaron en aviones, barcos y por cualquier vía los profesionales más destacados de la Venezuela petrolera, partieron a tierras desconocidas a seguir dando cátedras de alta cirugía. Se volvieron los pueblos de Venezuela espacios desiertos, que se quedaron vueltos viento y arena, porque nadie se quedó en nuestras tierras aguantando la pela bolivariana.

¡Qué pena siento como venezolano que cuatro desquiciados hayan destruido un país tan rico no solo en minerales, sino en el talento de sus profesionales universitarios y miren que hasta las universidades públicas se fueron muriendo de a poquito porque el régimen les negó los presupuestos y las condenó a la quiebra de sus investigaciones, a la siembra de sueños y a la propuesta de convertir esos espacios, en ambientes del progreso!

Pero los venezolanos tendrán que despertar de este cuadro hipnótico para rescatar nuestra identidad y volver a la senda del futuro, pues estos caminos quejumbrosos de la nada roja, solo nos conduce a un campo de tinieblas, caos y podredumbre. Eso pasará porque los pueblos no aguantan tantas humillaciones y solo los fanáticos de las ideologías quedarán gritando consignas de guerra, ante la mirada de los ciudadanos que los verán como locos sueltos.

Si eso que los dibujó ante el mundo, cuando empezaron a desmontar la democracia para dar paso a los mandatos del carcamal Fidel Castro que cumplió sus sueños de destruir a Venezuela.

Esta pela no la aguanta nadie porque entre la escasez, la hiperinflación y la ausencia de calidad de vida terminaron deshojando una sociedad destruida solo por los caprichos de un atajo de verdugos de la destrucción nacional. Esto pasará más pronto que tarde y los guerreros del camino, esos que nos quedamos aquí luchando por salvar la democracia venceremos a las fuerzas del mal.

Manuel Avila

@enciclica

 

 

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