Paradigma        Manuel Avila    “¡Sálvese quien pueda!”

Mi querido amigo, Saúl Azócar

Ver a un policía o un GNB en Margarita o un funcionario de cualquier cuerpo policial es una hazaña como ver un Ovni, es extraño una sociedad que vive del turismo y no tiene garantías de seguridad ciudadana.

Pero es que el régimen todo lo que toca lo convierte en nada. Se apoderó de los ferris y los quebró, de la policía y la volvió ñoña, de Corpoelec y ni teipe tienen, de Cantv y ni aires acondicionados tienen para mantener las computadoras centrales, inventaron Mercal y Pdval y quebraron, los Clap y se volvieron polvo. Todo lo que tocan lo destruyen.

La red hospitalaria incluidos los CDI no existen y ni jelcos tienen para sacar la sangre y de antibióticos ni se diga. Eso llama poderosamente la atención, porque es un modelo nefasto que solo es defendido por malvivientes, vagos y por los ciudadanos que no creen en el desarrollo y el progreso. Esas son las vainas que nos alejan del proceso revolucionario porque los tipos son como Atila que destruyen todo.

Eso sí, la corrupción es la reina de la corona y para eso sí son buenos para robarse los dineros de la República en negocios y cuadres tras bastidores, porque parece que hicieron postgrados en meter las manos con velocidad, para que nadie los vea.

En poco tiempo la fama de ladrones de fina estampa, recorrió el planeta y desplazaron a adecos y copeyanos, que resultaron unos inocentes ante esos bichos de uñas largas, que empobrecieron al país muy rápido.

Ahora en lo que sí entramos en lo peor es en la inseguridad, porque los cuerpos policiales se esfumaron, se redujeron a la nada y nadie vela por la seguridad ciudadana.

Ese salto atrás en materia de seguridad unido a la crisis económica y social, se convirtió en caldo de cultivo para que la delincuencia desbordada le pase por encima a una sociedad atrofiada por una seguridad ciudadana, que no existe.

De esa forma se vino encima de los ciudadanos la escasez, la hiperinflación y la inseguridad que agobia a los venezolanos y convierte a este pueblo en prisioneros de sus propias locuras.

Las muertes de inocentes ciudadanos en sus propias casas, por la mano asesina del hampa creció exponencialmente de la noche a la mañana, y en estos día me enteré de la muerte de mi compadre Saúl Azócar por unos delincuentes, que en la población del Espinal, Municipio Díaz lograron penetrar su residencia a las 2 am de cualquier día para asesinarlo por asfixia mecánica.

Ni se imaginó mi compadre Saúl, un hombre bueno de esos que pare la vida, y que no le hacía daño a nadie que la muerte le tendría un cerco en la soledad de su vida.

Nadie vio nada, todo el mundo hizo silencio ante el brutal crimen, y nadie se mete en problemas, para evitar enfrentarse a los delincuentes que seguramente saciaron  su sed de hambre y sus instintos criminales.

Pero cuántos Saul mueren cada día, sin que los que promocionaron los cuadrantes y miles de planes de seguridad, hagan algo por salvar la  vida de inocentes ciudadanos, que ni se imagina que el hampa no tiene escrúpulos, a la hora de asfixiar a cualquier inocente.

Pero asesinaron a un Saúl cualquiera y a nadie le dolió salvo a su hijo Esaut, que quedó destrozado ante la tragedia de enterrar a su padre, a quien hubiera querido ver  morir de muerte natural.

Y no fue imposible en un pueblo de hojas, que se lo llevó Lucifer en brazos de la revolución. Con tragedias como estas, se ha venido endureciendo el alma nacional y los ciudadanos tratan de tomarse la justicia por sus propias manos, ante la ausencia de policías y tribunales, que le pongan orden a la pea revolucionaria.

Nadie hace nada y cada día los cuerpos policiales intervenidos por los cerebros del nivel central, se quedan sin vehículos, motos y armamentos, razón por la cual el hampa desbordada hace de las suyas, en esta tierra de nadie.

Matan a nuestro pueblo a mandarriazos, asesinan a nuestros pueblos frente a la propia Constitución, que la estafa revolucionaria le prometió a los ciudadanos desde los tiempos de Chávez.

Pero nadie dice nada, la vida sigue su curso, sin que la ignorancia despierte y los mismos notables que empujaron a Chávez, para que destruyera el país digan o hagan nada, por recuperar la República.

Eso sí es triste que no tengamos un país, sino un cuero seco, que se levanta por todos lados, sin que nadie haga nada por salvar al país. Por eso al grito de “Sálvese quien pueda” recorremos cada día los caminos de la República y ni el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial hagan algo por detener esta masacre colectiva que nos roba  el futuro.

Atrás quedaron los sueños de Chávez de convertir a Venezuela en un país sin pobres, porque ahora todo el mundo es pobre, en un país donde solo los enchufados y sus generales disfrutan de las mieles del petróleo.

Quedó preñado el país de revolución y Chávez se fue a la tumba, sin pagar el pecado de haber convertido a Venezuela en ruinas, en un pueblo de hojas, que no tiene fuerzas para salir de la crisis.

Pareciera que los ciudadanos se convirtieron en muñecos de cera, en un gran museo donde nadie se mueve. ¿Qué le pasó a nuestro país que le robaron sus sueños, dónde quedó el coraje de nuestros Libertadores? Todo eso se perdió entre ideas desquiciadas y consignas de “¡Muerte al imperio yanqui!”

Aquí no queda nada, sino el grito desmirriado de una mujer como Iris Valera, que dice que ojalá nuestros hijos no vuelvan al país. ¿Y qué se cree ésta loca de remate, que es la dueña del país y quién le dio la potestad para robarnos a nuestros hijos?

De verdad, no sé cuál bacteria se le metió a los venezolanos en su cerebro, pero eso está ocurriendo… que nos roban nuestros sueños ¡Y nadie dice nada! Sigo insistiendo en que somos el mejor país del mundo, pero con estos tipos no se puede avanzar porque su cerebro es ñoña.

Escuchamos de nuevo el grito de las almas dormidas y ese “¡Sálvese quien pueda!” retumba en mis oídos como tambores de guerra.

Manuel Avila

@enciclica

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