Paradigma      Manuel Avila   Sueños patriotas

 Cuando vemos que las Fanb se arrodillan a los pies del amo recordamos aquellos vendedores de verduras y pollos de los primeros años de Chávez en la Avenida Bolívar de Caracas. Ni para eso sirvió la Fanb en sus primeros pasos tras la figura mesiánica del mismo que prometió destruir a la GNB y no lo hizo por miedo a represalias que los pudieran eyectar del poder.

Pero si no sirvieron ni para vender cebollas y pollo como es qué ahora pretenden los venezolanos que estos cuerpos militares hagan algo por salvar a la patria. Menos harán en estos momentos cuando los venezolanos se mueren de hambre y son ellos los únicos que reciben alimentos para mantenerlos con las barrigas infladas a fuerza de mantequilla, pasta y arroz.

Esas son las fuerzas armadas que tenemos los mismos que dejaron  que el G2 penetrara el alma de los centinelas de la patria hasta arrodillarlos para someterlos a la peor humillación que un ejército extranjero guíe las arremetidas contra los ciudadanos y los estudiantes en las calles de Venezuela.

Esos ataques despiadados con estudiantes muertos y torturas en las cárceles no pudieron hacerlos los que no supieron no vender las cebollas en la Avenida Bolívar de Caracas, pues la ineptitud de estos cuadros es de tal magnitud que perdieron hasta la dignidad.

Lo peor es que nos naricearon los cubanos para humillar a los ciudadanos de una patria que se quedó en estado hipnótico por los efectos de los ceremoniales que mataron tigres, zamuros y gallinas en los jardines de Miraflores.

Todos esos actos de la palería cubana y de los babalaos africanos ha mantenido por 19 años en estado de letargo y en cuadro hipnótico sin parangón en la historia nacional a toda una nación integrada por cerebros gigantes, quizás los intelectuales más prestigiosos de Latinoamérica que se prestaron por momentos para ponerle la alfombra roja al “arañero de Sabaneta”.

Si es que hay que recordar hasta el cansancio que no solo José Vicente Rangel y Luís Miquilena enarbolaron las banderas del Socialismo del Siglo XXI, sino que Miguel Henrique Otero, Andrés Mata, Carmen Ramia, Napoleón Bravo, Angela Zago y una cantidad de brillantes venezolanos se pusieron en la cola del bolivarianismo para terminar apaleados por esa gran estafa llamada Hugo Chávez.

Por eso el eslogan “Aquí no se habla mal de Chávez” debería llevar la fotografía de Los Notables que apostaron toda su fortuna para llevar al barinés a la Presidencia de la República y condenar a los venezolanos a la peor tragedia de su historia.

Ese accidente histórico que vino adobado de extractos de literatura histórica aprendida con urgencia en los calabozos de Yare sirvieron de parabán a una historia de la mentira fabulada que usando a los héroes de la patria con sus discursos le sirvió para maniatar a los venezolanos que creyeron alguna vez que Chávez era la reencarnación de Bolívar.

Por eso la frase “Aquí no se habla mal de Chávez” cobra vigencia porque la gente descubrió que el propiciador de nuestra tragedia nacional es el muerto de Sabaneta. Si es que fue Hugo Rafael el quien expropió, extraditó. Apresó y maniató al pueblo venezolano hasta que los convirtió en u n ciudadano ladino que ni lava, ni presta la batea.

Desde hace buen rato nadie dice nada trascendente en los espacios políticos nacionales. Algo que le mueva el alma a los ciudadanos hasta hacerlos sentir que están vivos, que huelen a patria y que tenemos el coraje y la sangre de nuestros libertadores.

Lo que si no podemos permitir es que cuatro cubanos infiltrados en las FA NB le den órdenes al Ministro Padrino López de cómo se deben conducir las energías de un Ejército Libertador que tiene historia y sangre de patriotas.

Da lástima que sean los cubanos los que pisoteen la herencia de Bolívar y que todavía los mensajes copiados del discurso de nuestros libertadores sean repetidos por cuatro arrastrados que hoy convertidos en celestinos del régimen como si fuese palabras libertarias de nuestros héroes de la independencia.

No es posible que estatuas de cubanos ocupen los espacios de nuestras plazas con el copete levantado y la mirada subyugadora imponiendo su fuerza sobre un pueblo arrodillado a los pies de un Presidente autoritario que no hace elecciones libres porque nadie lo quiere en este país.

Saben Maduro y sus colegionarios que los venezolanos no pueden querer a quien los ha sometido a la hambruna colectiva más grande de la historia nacional. Por eso el refrán “Amor con hambre no dura” le suena en los tímpanos a quienes no han sido capaces de poner las orejas en el suelo para escuchar los cascos de los caballos que retumban en las llanuras venezolanas y el rugir de un volcán que avanza por debajo de la tierra para cambiar el modelo política de una sociedad arrodillada a los pies del amo.

No puede pretender Nicolás Maduro que esta sociedad de intelectuales y de gente valiosa esté de cuclillas escuchando el Himno Nacional cantado por el Mago de Sabaneta con la voz de un tenor deformado por las maldades a su pueblo.

No es posible que una invasión cubana a Venezuela haya infiltrado nuestros ejércitos para volverlos polvo ante los ojos de militares de carrera que ni un suspiro han lanzado cuando han quemado sus libros de estudios en la Escuela de Las Américas en los patios centrales de nuestros fuertes.

Ahora cuando los lacayos de los cubanos quieren dirigir los destinos de la patria de Bolívar no aparece el líder que la Venezuela histórica necesita para liberarnos del yugo cubano.

Estamos claros que no son nuestros hermanos venezolanos los que han usado armas químicas, bayonetas y maltratos con torturas hasta convertir a los estudiantes y ciudadanos en guiñapos destrozados en sus esquemas cerebrales por torturadores internacionales formados en el Medio Oriente y en las dictaduras más encarnizadas de China y Vietnam.

Es una idea de lo que vienen pasando nuestros muchachos en las prisiones venezolanas donde se han violado los derechos humanos en un modelo manejado por enfermos de locura bolivariana.

La hora del despertar de la conciencia nacional está cerca de la salida de un estado dhipnótico que amordaza la mente de intelectuales que se arrodillaron al régimen a cambio de posiciones que para nada le sirvieron en una nación convertida en un pueblo de hojas.

Vendieron la dignidad los lacayos del régimen que están de regreso a las filas nacionalistas porque su conciencia no le permitía dormir en paz cuando entregaron su dignidad a cambio de nada.

Ese trajín suena en la oscuridad de las selvas y llanuras venezolanas donde el tambor de los negros y la flauta de los intelectuales suenan a un solo ritmo para dibujar la suerte de la Venezuela que se queja en el viento por la destrucción de un país que fue el modelo democrático del mundo.

Venezuela necesita del despertar de sus ciudadanos, del regreso a la lucha de los intelectuales que desde que pusieron el nombre de Chávez en el tapete nacional había desaparecido de la faz de la tierra.

Es la hora del despertar de una ciudadanía que vuelve por sus fueros para convertir a Venezuela en la tierra fértil en las ideas y bendecida por las ideas de nuestros libertadores.

Dejemos atrás las mentiras revolucionarias que en 19 años volvieron trizas el futuro del país y obligaron a nuestros hijos a perderse en las penumbras de naciones que le abrieron las puertas para sembrar esperanzas.

Manuel Avila

@enciclica

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