Paradigma      Manuel Avila          Trono rojo

 

 Cuando leí que el régimen decretó la muerte de los contratos colectivos solo me sonreí porque hace buen rato que el comunismo viene socavando las  bases de la democracia y nadie dice nada sobre ese acontecimiento que cercena la libertad de los ciudadanos a elegir y ser elegidos.

Pero como los partidos políticos manejados por sabios que solo han sabido enquistarse en cúpulas vitalicias que solo saben repartir cargos y espacios de poder, no me queda otra alternativa sino ver pasar el féretro de la democracia, en hombros de los mismos tipos de siempre.

No voltean los jefes de los partidos, para ver por el retrovisor el tamaño de la ola y siguen eligiendo a los mismos oradores repetidos, por los siglos como voceros de la reconstrucción partidista.

Y no es por capricho que se hace una reingeniería de las organizaciones políticas, sino porque poner a perdedores sin votos a ser los portavoces de la palabra, eso nos dice que los partidos tradicionales siguen de espaldas a la realidad nacional.

Pero es que combatir al comunismo no se hace jugando en un círculo cerrado con  los mismos protagonistas de siempre, pues es evidente que la gente solicita cambios en una sociedad que se muele sola en el trapiche de sus improvisaciones.

Los partidos políticos que hacen vida en la democracia vienen equivocándose hace buen rato y no se percatan que esas organizaciones no pueden ser clubes de amigos, que si me caen bien serán los oradores, los candidatos a cargos de elección popular y los eternos candidatos a ocupar espacios de poder en los gobiernos nacionales, regionales o municipales.

De esa forma no se puede combatir a un régimen comunista que viene con todo a destruir los cimientos democráticos, para instalar su modelo atrasado y primitivo.

El comunismo llegó por la calle del medio, imponiendo sus ideas obsoletas para terminar de borrar los principios democráticos de libertad, porque ese es su objetivo y no otro.

No ha reaccionado la sociedad venezolana ante la ola de ideas comunistas que llegan por distintas vías a arrasar con las instituciones, sin menoscabo de los derechos ciudadanos, que están establecidos en la Constitución y deben ser respetados por los gobiernos de turno.

Aquí en Margarita el gobierno nacional arrasó con el Puerto Libre al no entregarle más nunca las divisas, cerró el Puerto de la Mar, volvió nada la empresa Conferrys, redujo los vuelos nacionales a 4, condenó la red hospitalaria a un cierre técnico, impuso un Protector que no hace nada y destruyó todos los servicios públicos.

Con todo este hándicap en contra se volvió nada el futuro de Nueva Esparta, que con las plantas de tratamiento inoperativas, con el servicio de agua vuelto papillas, con Corpoelec colapsada, con Cantv casi cerrada y con unos cuerpos de seguridad inutilizados por la carencia de vehículos, armamentos y mística de trabajo, no quedan dudas que estamos prisioneros de la ola comunista.

Para combatir el comunismo hace falta la participación de una sociedad civil que no tenga miedo, unos partidos políticos que no sean manejados por mafias del amiguismo y una juventud que inicie la escalada para dar sus mejores esfuerzos por la democracia.

Eso creíamos que la juventud liderada por los estudiantes vendrían a ocupar espacios relevantes en la política insular y fueron dejados de lado de nuevo, para mantener vivos a los mismos bicharracos de medio siglo en la política, al frente de las organizaciones sustento de la democracia.

Pero esa es la verdad que con el Comunismo encima con todas sus fuerzas y, arrasando con  lo que queda de democracia no tenemos los líderes para dar la pelea, porque la permanencia en el poder cupular partidista de la misma gente, hizo claudicar cualquier intento por salvar la democracia.

Las ambiciones de los mismos tipos de siempre de comandar las toldas políticas, hizo naufragar el barco democrático con todos sus ocupantes y ni un grito se escuchó entre los sordomudos que pretenden continuar su hegemonía al frente de las organizaciones políticas.

Esa es una realidad que choca con el comunismo y no deja nacer un verdadero movimiento de unidad liderado por gente joven, profesional y con el coraje para asumir el reto de salvar la democracia.

Llegó el comunismo con su ola de desaciertos, que condenaron a los ciudadanos a su peor tragedia, porque dejar a la sociedad sin servicios, sin medicinas y sin comida es un crimen, que no lo podrán pagar los revolucionarios ni en mil años.

A eso hay que agregarle la escasez de alimentos y la hiperinflación, que muele el alma nacional hasta volverla polvo. La mejor forma de combatir el comunismo es con nuevas ideas, con innovadoras propuestas y con líderes jóvenes sin miedo para enfrentar los ditirambos de la locura comunista.

A esa ruta debemos llevar nuestras propuestas y es necesario que los partidos políticos dejen de lado sus museos de cera, para poder confrontar esta pesadilla comunista, que pretende borrar la democracia de un solo plumazo.

La gente tiene que salir a defender sus contratos colectivos, que son reivindicaciones de más de 40 años y que la revolución está borrando de un solo soplido, sin importar la historia de los sindicatos venezolanos.

Este gobierno no ha respetado a nadie y le pasa por encima a todas las instituciones, a las leyes de la República y al ordenamiento jurídico venezolano, pues ellos son los dueños del poder y apuestan a hacer lo que les dé la gana para  imponer su juego de abusos y atropellos que comenzó Chávez hace 20 años y que continúa la serie, sin que nadie les dé un parao a tal aberración en la historia sindical  venezolana.

Así llegó el comunismo con su sarta de violaciones y solo le queda a los venezolanos protestar, para reclamar sus derechos, que no se lo dieron los comunistas, ni los socialistas,  ni los revolucionarios, sino que nacieron bajo el manto de una democracia llena de imperfecciones, pero con un clima de libertad que es parte de nuestra historia.

Por ahora sigue el Presidente sentado en su trono rojo y al pueblo solo le ha tocado escuchar los himnos del proceso, los gritos de los fanáticos y la locura de una jauría de ignorantes que cada día prueban que solo apuestan a la destrucción y la ruina nacional.

Manuel Avila

@enciclica

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