Paradigma  Manuel Avila  Un tour por el hospital

Pocos quirófanos funcionan. Las reparaciones en el área quirúrgica del hospital Luis Ortega de Porlamar llevan más de 4 años en ejecución y no se prevé la culminación a corto plazo de las obras, denunció el presidente del Colegio Médico de Nueva Esparta, José Antonio Narváez.

Entrar al hospital es una calamidad. Llegué a la entrada y decidí entrar, para escudriñar entre las verdades y las mentiras. Entre la miseria y la mortandad que se produjo el último trimestre del año 2017, cuando murieron 270 infantes.

¡Qué pesar sentí de ver a mi gente morir de pie, por falta de medicamentos y de insumos quirúrgicos! El hospital es un espacio deplorable, sin condiciones para la brega médica y para aplicar la filosofía hipocrática con la que se gradúan los galenos venezolanos.

Es una vaina seria ser médico en tiempos de revolución, porque más allá de la bata blanca o verde está el alma de los oriundos de esta tierra, o de los que se vinieron a la isla a desarrollar su amor por la medicina. De los que tienen alma de médicos, porque sufren la tragedia de ver morir a sus hermanos por la catástrofe de los hospitales venezolanos.

Tomé aire y entré  burlando los cercos de seguridad de los milicianos, que atienden con prontitud con su cara de hambre a quienes vamos al Hospital “Luís Ortega” en busca de salud.

Eso hice, di el salto adelante para que nadie me contara historietas falsas, de las que narró el vice Presidente de Hospitales, cuando vino a la Isla para dar un paseíto por los centros de salud de Porlamar, en compañía de ese grotesco personaje que eligieron los porlamarenses para gerenciar sus políticas públicas.

Terminaron diciendo nada y solo usaron el realismo mágico para vender a los neoespartanos que en los hospitales de esta tierra nada falta. Nada fácil vender la seguridad de los milicianos, que mantienen el hospital con la sensación de que estamos en el fuerte Paramaconi o alguna guarnición militar venezolana.

A lo mejor es pura imitación de los fuertes cubanos, donde la intimidación del uniforme mantiene a raya a una población ávida de salud. Ahí me detuve y pensé sobre las calamidades que sufre mi pueblo para poder acceder a los centros de salud.

La primera pregunta es ¿A dónde va ciudadano?. Una vez que dice a la emergencia es “detenido” por otro miliciano, que los hay más que los médicos en el centro de salud y éste tiene la última palabra, sobre si entras o no a la emergencia.

Así entré hasta los predios de Emergencia que, desde hace mucho tiempo no transitaba y encontré un clima laboral de trabajo muy triste y desolado en la parte médica, porque nuestros más valiosos galenos se han ido desprendiendo del alma nacional para irse a otras tierras a buscar calidad de vida y calidad profesional.

Cuando pasé un torrente de pacientes esperando por atención médica y nadie que los atiende, porque un  solo galeno no puede hacer la tarea de la multiplicación  de las atenciones.

¡Pobre residente! me dije poniéndome las manos en la cabeza, porque eso parece un mercado persa con gente llorando unos, quejándose los otros y con la angustia dibujada en su rostro el resto.

¡Qué cuadro tan patético! y que de seguro la majestad de la Autoridad Única, el primo hermano de la ex Primera Dama del Estado, no ha vivido nunca en su vida, por estar acostumbrado a otro tipo de faenas médicas en los centros de salud privados de la capital.

Mucho menos la gerente que le recomendaron a Mata Figueroa, el ex Gobernador desde la capital de la República por su experiencia en el “Pérez Carreño” y que llegó a la isla investida del poder de los dioses.

Por lo menos era lo que exhibía cada vez que era entrevistada en el programa del Cacheroso de todos los viernes. No recuerdo que esa seudo gerente haya dicho que en el hospital hay carencias y que se necesita la mano amiga del poder nacional.

Solo se limitó, la desconocida directora hospitalaria, a repetir como una lorita los mismos mensajes de la mentira revolucionaria. Eso es lo que ha hecho hasta ahora en su paso por la gerencia del Hospital “Luís Ortega” de Porlamar.

Es doloroso para los médicos no poden atender a todos y hasta las enfermeras y enfermeros tienen que tomar la batuta para ayudar a paliar ese mercado de enfermedades, que no encuentra la fórmula para prestar salud a los ciudadanos de acuerdo a lo que establece la Constitución.

Con semejante tragedia ante  nuestros ojos vemos un hospital quebrado por los cuatros costados, sin recursos técnicos, sin medicinas y por supuesto, sin los médicos necesarios para prestar salud a los pacientes.

Entrar a traumatología es una calamidad, porque ni yeso hay y de aquellos tiempos de Orcelis Marcano, Fernando  Bonmatic, Noel Tineo, Rodríguez Cuberos, Marcano,  Chicho Silva, Magaly Fonseca, el revolucionario Rondón y tantos otros, que dieron sus mejores esfuerzos para tener un equipo soñado de galenos en esa área del yeso y la férula.

De esos momentos estelares no quedan ni los recuerdos. No es cuestión de establecer comparaciones entre la IV y la V, pero eran sueños dorados cuando se atendía a los pacientes y sobraba material de sutura para realizar el trabajo asistencial. Hoy podemos decir que Traumatología es un cementerio de recuerdos y de tristezas.

En los predios de cardiología la condiciones son deplorables y si no fuera por la entrega de Arturo Rodríguez, Pedro Méndez, Dámaso Vásquez y otros que escapan a mi memoria y que ponen parte de su esencia hipocrática para elevar la calidad de la salud margariteña.

Pero esos médicos también se cansan de navegar en aguas de la falta de insumos y en la quiebra hospitalaria, pero están ahí de pie, a la espera de que mejore la visión del gobierno sobre la calidad de la salud en la región.

Total que el tour me permitió verle la cara a médicos, enfermeras, obreros, personal de limpieza y por supuesto a los pacientes y de verdad les puedo decir que sentí pena ajena por un ambiente de trabajo triste y desolado.

No reacciona el gobierno ante esta crisis tan devastadora de la salud en Venezuela y a fuerza de mentiras y falsas poses de  comunistas sin rumbo, seguimos avanzando en medio de la crisis hospitalaria, que mantiene la salud enferma de atención.

A este paciente necesitan atenderlo con urgencia, porque no basta con tantas mentiras cuando sabemos que “el cierre técnico” del hospital “Luís Ortega” de Porlamar, obedece al fracaso de la revolución en materia de salud.

Y que exhibe como trofeo el cambio de 18 ministros, que solo manejaron la corrupción, como bandera al conseguir en los presupuestos asignados una gran veta para satisfacer sus ambiciones de nuevos ricos de la revolución.

Pero, de las promesas de Chávez de convertir a Venezuela en el modelo de salud del mundo, solo tenemos una cantidad de graduandos de la Universidad Bolivariana que no se sabe dónde están realizando funciones médicas.

Eso sí cobran en dólares como los médicos cubanos, mientras que a los venezolanos les pagan con piches bolívares devaluadísimos, que no alcanzan ni para comprar un pollo.

Qué tristeza esta pobre gestión de la revolución en materia de salud, que desdibuja su proyecto originario y convierte la salud en caldo de cultivo para la corrupción y la desidia.

Manuel Avila

@enciclida

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