Paradigma      Manuel Avila     Venezuela pesimista

 

 El pesimismo recorre las venas de la República con su carga de metáforas de la inmundicia. No consiguen los escritores como zafarse del nudo gordiano de las enfermedades del alma que ha diseñado este gobierno para volver trizas los cerebros y el corazón de los ciudadanos de esta patria bolivariana.

Volvieron trizas la manera de pensar de miles de almas de la ignorancia que terminaron empegostados de la revolución de la mentira. Compraron esa estafa a precio de bazar de pueblo y terminaron enfilados en las columnas de los milicianos que comprometidos con el proceso cantan canciones de hambre cada día.

Se vino el pesimismo con la frustración y la desesperanza envueltos en hojas de cachipo para terminar de  moldear el diseño de un sociedad convertida en un guiñapo del pensamiento autoritario.

No pudieron los escritores sino correr sus discursos sobre las cenizas de un país que perdió hasta su principal empresa petrolera apostando a los dados con Fidel Castro, Lula, Correa, Ortega y Evo Morales.

Terminaron volviendo cenizas la fortaleza de una sociedad que iba proyectada a la ruta del progreso y la industrialización para convertir a Venezuela en una burda República Bananera.

Por eso leer a Leonardo Padrón con su carga de pesimismo enferma y obliga a los que lanzamos palabras entintadas a las columnas de opinión a pensar en los efectos de un mensaje deformado y cargado de excrecencias.

Pero lo más triste es que los perifoneadores del chavismo puro de ayer, se encuentran en estado de catalepsia soñando ahora con un país libre y preñado de elementos democráticos. Ni se acuerdan los revoltosos de ayer.

Los mismos que auparon a Chávez junto a Ángela Zago y Napoleón Bravo que condenaron a la patria a la peor calamidad de su historia, a un error de cálculo que los obligará a confesarse cada día ente el cura de su parroquia. Por eso cuando escucho las voces calamitosas de los que hicieron daño ayer y como Henry Falcón, ahora hablan de la reconstrucción de la patria, solo siento pena por ellos y sus ideas locas.

Pero esa es nuestra realidad que se bambolea como la desteñid abandera nacional que rullida por los efectos del viento ondea tristes y solitaria en las casas de los fanáticos del proceso. Y es que esos quijotes de la debacle nacional caminan a tientas dando saltos de rana.

Unos silban al viento  con sus palabrerías de cada día, otras se fuman sus cigarros diarios y rumian su hambre hacia adentro para que nadie les vea el hilo de la vergüenza nacional. Los más radicales se enseñorean con el hambre a sus espaldas repitiendo los mensajes monstruosos de la Venezolana de Televisión que se convirtió en un canal repetidor de sandeces de los procesos revolucionarios que han destrozado al mundo.

Transitamos caminos de desesperanza en medio de una tormenta de populismo que solo ha empobrecido a toda una nación en medio de los alborotos socialistas que solo pretenden anquilosarse en el poder para toda la vida.

Nadie del gobierno toca en público las calamidades de una sociedad que se muere a menguas, que boquea porque su salario no le alcanza para comprar un solo producto de la dieta diaria. Esa es nuestra tragedia que los sueldos se encogieron como las ciruelas pasas se miniaturizaron como los enanos del circo.

Nadie levantó la voz más nunca porque este pueblo tímido que  ni habla para no despertar al inquilino de Miraflores o para que el Sebin no te haga una cita de esas muestra de la patanería oficial.

La gente pareciera haber quedado hipnotizada para siempre y algunos estudiosos del tabaco y la palería sostienen que fue un trabajo de muchos años lanzado en el Guaire o en el Orinoco para convertir en peleles a los ciudadanos de una gran patria.

Más nunca los notables tiraron una palabra a los rotativos nacionales o regionales porque se les cayó la plancha sobre la tinta de cada día. Por eso cuando lea a bizarros personajes que ayer se rasgaban las vestiduras por el proceso digo “esos no tienen perdón de Dios”, pues ya produjeron la tragedia nacional y eso no tiene enmienda.

Y los habladores de pistoladas que se dan golpes de pecho como King Kong para mostrar su talante democrático ya ni recuerdan cuantos kilómetros de palabras huecas usaron para entregarle a Chávez el poder de la Venezuela petrolera.

Ese pesimismo que circula por todo el país sacude las penas de los que ahora tienen que hacer más esfuerzo que los opositores al régimen porque cargan sobre sus espaldas la culpa de haberse equivocado estruendosamente ante los ojos de los venezolanos.

Se sacudió el polvo del camino y volvió a la carrera para cambiar el país porque lo que no se entiende es como cuatro idiotas que ni cerebro tienen han lanzado al cesto de la basura el futuro de nuestros hijos.

Ni siquiera se han dado cuenta algunos personeros del régimen que ni siquiera pueden interpretar porque sus hijos se fueron de carrera a otras naciones en busca de la sobre vivencia. Condenaron a los ciudadanos a sueldos de miseria que no alcanzan ni para alquilar una urna para sepultar a sus seres queridos.

Pero la terquedad de los que con su voto destruyeron el país se manifiesta en el cuadro de sus familias que no consiguen ni aspirinas para tratarse un dolor de cabeza y nada que se parezca a medicamentos para cualquier tipo de enfermedad.

Con semejante cuadro dantesco de una realidad que se enreda entre bejucos y lianas encontramos al venezolano pesimista que sumergido en un mundo de depresión sigue creyendo que los chavistas realizarán unas elecciones para entregar el poder.

Qué locura de un gobierno que no ha superado ni siquiera las mentiras de un gobierno y sus funcionarios que solo usan el aparto comunicacional para convertir las mentiras en verdades y ni siquiera reconocer que los hospitales están cerrados técnicamente y que las enfermedades tropicales como el paludismo y la malaria volvieron a la escena de la mano de un gobierno inútil y descarado.

A esa realidad apostaron los venezolanos cuando en cada elección alquilaron el voto para conquistar el poder y no les importó nunca que se murieran miles de alma por no tener medicamentos, ni hospitales y solo un CDI que son una muestra de la quiebra de naciones como Cuba que nunca mostró ser un país de progreso.

Pero eso es lo que hay en una Venezuela pesimista donde hasta sus escritores se terminaron embadurnando las manos de pesimismo para transmitir a los ciudadanos una idea bárbara de la tragedia nacional.

Manuel Avila

@enciclica

 

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