Reflexión

Casi casi se termina Enero del 2012 y con la misma velocidad los siguientes meses esperan su turno para darle paso al que viene después.  Las predicciones abundan, las dietas no se cumplen, los compromisos se olvidan, y así, a girones, nos vamos arrancando el disfraz que diseñamos hacia finales del 2011, pretendiendo que lo usaríamos todo el año que ahora corre.

Pero este avanza velozmente y pareciera que queda poco tiempo para la reflexión. Ésta sólo aparece cuando una campanada nos toca el alma, cuando se nos afecta lo personal para que domine lo colectivo, cuando lo espiritual nos hace un llamado de atención. Entonces aparece la prudencia, por que hasta ese momento sólo se ha aceptado el dominio de lo material, cuando las diferencias están en el color que vistes, la marca que prefieres o los amigos importantes que tienes… o que crees tener.

Pero con el veloz correr del tiempo, esos amigos, dejan de serlo, ya no les interesas o no les eres útil, lo material no sana tus males, y el color que vistes puede ser cambiado a voluntad o tamizado con matices.

Y es que no logramos mirar dentro de nosotros con hondura, ¡eso da miedo! Sencillamente porque podríamos ver algo que hemos escondido en la profundidad del ser para que nunca más aflore. Da miedo porque sabemos que todo esto es transitorio, que sólo es una guerra indeseada entre el ahora y el mañana,  que lo que veremos no es el espejo de lo externo pero si de lo que preferiríamos ser. Da miedo porque el entorno va variando como varía la posición del sol durante el día y la enfermedad de la reflexión se ha apoderado de nosotros.

Y me pregunto, cuántos de los que ahora me leen, se contaminarán de esa dolencia para desvestir los temores y tomar la decisión de engalanarse con los brillantes colores de la primavera que ya se vislumbra?

Es una cuestión de riesgo, de osadía, de intrepidez. De decisión.

 

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