Rita Salerno Sánchez “¡Aplaudían!… ahora, como siempre, cosecharán tempestades”

chavez-mural-venezuelaEl problema es que tuvieron 17 años en el Poder. Detentaron TODO el Poder y fueron injustos, atropelladores, perseguidores. No entendieron que todo gobierno tiene una oposición y que se convive democráticamente con ella.

Durante 17 años aplaudían cuando iban a freir las cabezas en aceite, cuando “olía a formol”, cuando decían “exprópiese” y no le pagaban al expropiado. Aplaudían cuando para burlar los resultados electorales se creaban supra gobernaciones o supra alcaldías.

Aplaudían cuando les negaban el Situado Constitucional a las alcaldías o gobernaciones de la oposición. Aplaudían cuando trampeaban los resultados electorales y obtenían su “victoria perfecta”, cuando se tomaron zonas de Caracas como la plaza Bolívar y, en general, el Municipio Libertador.

Aplaudían cuando el único reconocimiento electoral que se le tuvo que otorgar a la oposición lo llamaban “victoria de mierda”. Aplaudían cuando secuestraban a alcaldes, cuando violaban a una juez por impartir justicia, cuando los fascinerosos firmaban fraudulentamente por Chávez.

Aplaudían cuando le robaron las elecciones a Capriles y cuando cerraban con contramarchas toda iniciativa de protesta de la oposición. Aplaudían cuando el TSJ dijo que, aunque Chávez no estaba presente, tampoco estaba ausente.

Aplaudían cuando golpeaban a nuestros diputados en el parlamento y cuando cesaban a una diputada en sus funciones por “Traición a la Patria”. Aplaudían cuando se colocaron francotiradores en las azoteas, cuando se activaba el Plan Ávila sobre la población, cuando escondieron la renuncia de Chávez.

Aplaudían cuando les entregaban el país a los cubanos, a las Farc, a los terroristas de Hezbollá. Aplaudían cuando crearon las mafias del oro, cuando asesinaron a los mineros en cambote, cuando crearon a los pranes para aterrorizar a la población desde las cárceles.

Aplaudían cuando les quitaron a la Asamblea su mayoría calificada y cuando nombraron a su TSJ expres. Aplaudían cuando metieron preso a Leopoldo en un juicio fraudulento y amañado por razones de conciencia y aplaudían cuando nos negaron el revocatorio.

Aplaudían cuando se negaban a realizar elecciones de gobernadores y alcaldes y cuando cerraron todo camino electoral. Aplaudieron por todo. Sería imposible nombrar por cuántas cosas aplaudieron durante estos eternos 17 años.

Aplaudieron todas las maldades, todos los crímenes, todos los exhabruptos, todas las burlas, todos los enseñoriamientos de las víctimas, todas las mezquindades, todas las maldiciones, todas las persecuciones, todos los desmanes; y ahora, quienes reconocen que lo que se vive son los síntomas de una enfermedad terminal.

Ahora que saben que el fin es inminente; se separan y quieren paz. Quieren vivir en un país que los perdone y que no los persiga, como ellos lo hicieron o como ellos aplaudieron y apoyaron. Pretenden escabullir el bulto y negar que la maldad del gobierno sólo fue posible, porque hubo muchos, muchos como ellos que lo secundaron, que los apoyaron, que lo aplaudieron, que cerraron filas herméticamente con él.

Es más, aún hoy no se separan de los delitos cometidos por su gobierno, no los reconocen. Ni siquiera reconocen que los 80 y tantos muertos son del régimen, sino que responzabilizan a la oposición de estos crímenes y lo que motiva su “separación” no es el arrepentimiento de haber secundado un régimen criminal, sino que su intención es cuidar “el legado”.

Un legado que ha sido la tortura, el maltrato, la persucución, la cárcel, la muerte, el hambre, la destitución, la destrucción y el daño causado a muchos, a la mayoría, al país. Pretenden olvidar que asfixiaron a muchos, que no les permitieron expresarse en forma alguna, que no les dieron válvula de escape.

He allí el problema. Lo único distinto ahora, es que tendremos y tenemos líderes de corazón inmenso, hermoso. Verdaderos demócratas que no azuzarán a la gente como lo hizo Chávez y como también lo hace el legatario.

Aún así vendrá la violencia, pero al menos esa violencia que, inevitablemente vendrá sobre muchos, no será oficial, aunque será inevitable que muchos sufran las consecuencias de sus propios actos.

De sus propias adepciones. Y ¡ojo! no estoy haciendo apología del delito, ni promocionando linchamientos, sólo estoy vislumbrando lo que vendrá, porque es de anteojitos saber, que el que siembra vientos, siempre terminará cosechando tempestades.

Rita Salerno SánchezRita Salerno Sánchez

Periodista. Abogado. Especializada en DDHH

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