Sasha, La Tigra Mi Grito de Guerra No son todos los que están…

Definitivamente éste es un país sumamente particular, históricamente Venezuela fue un país que sorprendía por sus recursos, sus paisajes, sus mujeres y ahora es un país que sorprende por su situación política y la actitud que hemos adoptado los ciudadanos.

Teníamos democracia, con fallas, pero que producía progreso y crecimiento económico y educativo, pero no en forma general, pues se abandonaron algunos sectores sociales, lo que generó desigualdad, con la consecuente inconformidad de los que tenían recursos por querer más y los que no tenían, por no poder alcanzarlos, fuera por la ancestral costumbre de “dame que yo no tengo”,¨ o por no hacer el esfuerzo necesario.   

Llegaron unos resentidos con la cabeza llena de ideas de un cambio social, que resultó a la inversa, es decir en lugar de progreso involución y ganó la ignorancia disfrazada de indiferencia, día a día se fueron cometiendo acciones, que llevaron a la destrucción de principios y valores, de nuestro gentilicio, nuestros símbolos, nuestras tradiciones y solo algunos levantábamos la voz de protesta, que no se escuchaba por el ruido estruendoso de los bárbaros destructores.

Pero esa protesta se hizo progresiva y estalló la juventud en las calles, siendo aniquilada por los supuestos defensores de la patria que, haciendo juego a la inversión de valores perdieron de vista que los verdaderos defensores de la patria, eran los que salieron a la calle a protestar la bárbara destrucción de nuestro gentilicio, así los que debían defendernos callaron con sangre a los verdaderos defensores.

Alguna parte de la población con la indiferencia en la piel, decidió no luchar, agarró su maleta y se llevó sus sueños, para en algunos casos convertirlos en la pesadilla del exilio, otra parte se quedó cavilando diariamente, si luchar o huir ante el temor que infunden los demonios de la destrucción.   

Así surge un valiente soñador, acompañado de muchos que pensaron que con respeto podían ganarle a los que enfermos de poder y disfrazados de gobernantes utilizaron la fuerza de la mentira, la calumnia, el atropello y el crimen para combatir al oponente, porque no conocen el límite social ni personal, por carencia genética o porque se les perdió en el camino.

Esos disfraces creen que ganaron, usando malandros uniformados para arrasar en forma vil y cruel unas vidas que luchaban por la libertad, la justicia y reconstrucción de nuestra patria. ¡Ah! Pero olvidaron que son disfraces y que el Carnaval tiene una duración.

Comprobando lo dicho, algunos ven con asombro los actos fúnebres en los que enmascarados haciendo gala de su festín, llevan un féretro con bandera de patriota, custodiado de falsos efectivos vestidos como defensores de la justicia y el honor. Es así que surge la pregunta: ¿Dónde están los verdaderos? La respuesta: no son todos los que están… ni están todos los que son.

Sasha, La Tigra

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