SI ESTO ES UN HOMBRE (Para leer este histórico 14 de abril) Pensad que esto ha sucedido: Os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones Primo Levi 1947

Es absolutamente inimaginable, querido lector, que al momento de concederme el privilegio de su atención no haya cumplido ya con su obligación ciudadana o esté a punto de hacerlo: cumplir en pocos minutos con el acto solemne de hacer pesar su voz en la decisión colectiva por fijarle el rumbo político a nuestro país. Por los próximos seis años. Ese sencillo gesto, en su simpleza – tomar una decisión en la absoluta y secreta soledad de su conciencia y hacerla valer ante las autoridades, cualesquiera ellas sean – constituye la esencia que hace de un conglomerado algo mucho más importante que un simple agrupamiento de seres humanos: lo convierte en una sociedad política, en un Estado. La Patria: El lugar en que nacemos, nos educamos y nos convertimos en seres políticos. El famoso zoon politikon de que hablaba Aristóteles entre los griegos, inventores de la democracia. El magnífico gesto que nos convierte en ciudadanos. Participar a plenitud de la Polis, votar y elegir, que de eso se trata, puede convertirse en un ritual extraviado en el cansancio de la cotidianeidad. Pero incluso entonces, cuando nos parece lo más normal del mundo, es lo más extraordinario. Tanto como respirar, sin siquiera advertir que si no lo hacemos dejamos de existir. Tanto como ser libres, privilegio de civilización, cultura y humanidad que sólo valoramos en toda su grandeza y plenitud, cuando carecemos de ella. Cuando la libertad nos es arrebatada para convertirnos en números, en fichas, en símbolos irreales. En esclavos. No es preciso, pero es pedagógico bajar a los infiernos del campo de concentración y de los crematorios para comprender de qué estamos hablando. Este 11 de abril se cumplió otro aniversario más de la trágica muerte de uno de los más grandes escritores contemporáneos, el italiano de origen judío Primo Levi, acaecida en Turín el 11 de abril de 1987, a los 68 años. He leído con pasión su obra literaria, una de las más ricas escritas en ese siglo tan atormentado, turbulento y trágico como el siglo XX. Siglo marcado no sólo por grandes invenciones y vertiginosos avances tecnológicos, incluso de apertura al conocimiento y exploración espacial, sino por dos guerras apocalípticas, en rigor producto de los dos sistemas totalitarios – fascismo y comunismo – que regaron de millones de cadáveres inocentes el decurso de nuestra aterida humanidad. Pero de toda su obra, un pequeño recuento biográfico me conmovió como posiblemente no lo haya logrado ninguna lectura anterior. Se trata de la narración de los dos años que Primo Levi pasara en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, de cuyos hornos crematorios se salvara milagrosamente como predestinado por Dios para dar cuenta del horror insondable al que pudo llegar el hombre de la cultura más evolucionada de la historia humana. Cultura a la que la humanidad le debe a Bach y a Lutero, a Mozart y a Goethe, a Humboldt y a Heissenberg. Sin olvidar a Einstein, a Freud o a Marx, todos judíos de cultura alemana. Excelsos representantes de un pueblo discriminado y reducido a la animalidad en la acción más ominosa y sobrecogedora cometida por el hombre: la Shoa, el Holocausto. Esa pequeña obra se llama Si esto es un hombre y narra la degradación de un ser humano por la maldad infinita de la perversión política, el odio y el fanatismo fascista hasta una escala zoológica inimaginable: la reducción sistemática de una persona a cadáver viviente. Una entidad desprovista de vida, de historia, de sentimientos, de conciencia. Despojo de huesos y algo de carne del que cabe preguntarse, como lo hizo Primo Levy, si “eso” podía ser considerado “un hombre”. Quienes hemos sufrido la humillación de las dictaduras y hemos sido privados del derecho a elegir – es decir: a respirar en democracia – sabemos, por ello, lo que vale un voto. Impedir a través de la voluntad expresada en una papeleta esa monstruosa exacción de lo humano en la persona es un imperativo categórico, un compromiso ético y moral. Respetémoslo y hagámoslo valer, así sea al precio de nuestra existencia.
Antonio Sánchez García
@sangarccs

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